Toma la pastilla roja!!!

BIENVENIDO Y TOMA LA PASTILLA ROJA "...Eres un esclavo, Neo/ Igual que los demás, naciste en cautiverio/ naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar/ Una prisión para tu mente/ Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix/ Has de verla con tus propios ojos/ Esta es tu última oportunidad/ Después, ya no podrás echarte atrás/ Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará)/ Despertarás en tu cama y creerás/ lo que quieras creerte/ Si tomas la roja, te quedas/ en el País de las Maravillas/ y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos/ Recuerda/ lo único que te ofrezco es la verdad/ Nada más..."

sábado, 5 de enero de 2013

Orígenes de la primer conspiración mundial illuminati


El Club de la Isla de Jekyll
La conspiración mundial comenzó en 1910, en la isla Jekyll. El nombre de esta isla suena como el título de una película de horror o “Muerte”, pero los eventos de la vida real que ocurrieron en 1910, en esta isla de propiedad de privada, club de caza del banquero J. P. Morgan  a poca distancia de la costa de Georgia, habría sido un reto hasta para la imaginación de la fábrica de pesadillas y manipulaciones de Hollywood. En la isla Jekyll se reunieron en secreto durante nueve días, siete hombres muy acaudalados y poderosos, y concibieron el Sistema de la Reserva Federal que nació tres años más tarde, el 23 de diciembre de 1913 mediante una ley del Congreso. Desde entonces, la nación y el mundo nunca volvieron a ser lo mismo, sólo se beneficiaron los ricos y poderosos. De eso se trataba, y funcionó tal como lo planificaron.
Los predecesores de los posibles confabuladores del golpe contra Kennedy fueron los hombres que se reunieron en la isla Jekyll en 1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del mundo; los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que dominaron toda la banca europea a mediados del Siglo XIX y que todavía podrían ser la familia más rica y poderosa) y otros de gran influencia y poder. Estaba también un senador de USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente del mayor banco del país en la época, un destacado personaje de Wall Street y el hombre que más tarde llegaría a ser el primer presidente del Sistema de la Reserva Federal, Benjamin Strong. Fue una colección extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían cambiar la ideología y el curso de los negocios americanos, que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y reemplazarlos por el monopolio.
También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild cuando dijo:
“Denme el control sobre la moneda de una nación y no me importa quién haga sus leyes.”
Conocían también la sabiduría de lo que dice en Proverbios 22:7:
“El rico se enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del que presta”.
Fue el amanecer de la era de los carteles poderosos, cuando los siete titanes financieros reunidos en secreto en la casa del club de la isla decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron todo el poder para su nuevo grupo; Porque su alba fue la instauración de la City de Londres, que es el verdadero centro financiero mundial. Ellos ya venían trabajando de manera informal, pero sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno, que hoy florece por debajo del radar público, con el instrumento que más deseaban, la capacidad de controlar el suministro de dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El cartel trabaja ahora en cooperación con sus gobiernos y con todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una alianza global dominante que les permite controlar los mercados, los recursos, la mano de obra barata del mundo, y nuestras vidas.
James Madison, el principal redactor de la Constitución de EEUU.
“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los medios posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión.”
Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días si Jefferson y Madison lo hubieran logrado, un país sin gigantescas corporaciones depredadoras, que explotan a todos para obtener beneficios individualistas y sin fuerzas armadas manipuladas y desenfrenadas, que hacen la guerra al mundo, amenazando con destruirlo, y que lo hacen para que esos gigantes corporativos puedan obtener beneficios aún mayores. Lo que Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en el país, parece provocar la pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban evidentemente a Lincoln, después de que logró que el Congreso aprobara la Ley de la Moneda de Curso Legal, que autorizó al Tesoro de USA a emitir papel moneda llamado “greenbacks” (verdes).
Lincoln necesitaba esa legislación después de que renunció a pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un 24 y un 30%, que exigían por los préstamos que necesitaba para financiar su guerra con el Sur. Con la nueva ley bancaria, Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios, libres de deuda y de intereses. Esto no era, evidentemente, lo que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar beneficios cuando arrebatan su trozo de carroña de las transacciones financieras que controlan. Lincoln fue asesinado poco después del fin de la guerra, y un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback” (verde), aprobaron una nueva ley bancaria, y toda la emisión de dinero volvió a producir intereses.
J. P. Morgan siguiendo los lineamientos de la reunión de aquella isla llamada Jekyll, construye el trasatlántico el Titanic. Este barco supuestamente “indestructible” sirvió como el medio en el que encontraron la muerte aquellos que se oponían a los planes de establecer un Sistema de Reserva Federal. Estos hombres ricos y poderosos, de haber estado vivos, pudieron haber bloqueado el establecimiento de la Reserva Federal, con esas medidas inflacionarias de emisión de dinero podían arrebatarle de sus manos sus poderes y fortunas. Por tanto debían ser destruidos por medios tan absurdos, que nadie sospechara que habían sido asesinados. El Titanic fue el vehículo de su destrucción. Para disimular el acto terrorista, muchos irlandeses, franceses y católicos romanos italianos inmigraron al nuevo mundo a bordo del barco. Eran personas que podrían morir sin que se considerase sus muertes como algo importante. Los Protestantes de Belfast que querían inmigrar a los Estados Unidos fueron invitados también a bordo del barco.
Todos los hombres ricos y poderosos de los que esta conspiración quería deshacerse fueron invitados a bordo del barco. Tres de los más ricos y poderosos de estos fueron: Bejamin Guggenheim, Isador Strauss, el propietario de las tiendas por departamento Macy’s y John Jacob Astor, posiblemente el hombre más rico del mundo de ese entonces, el total de sus riquezas en aquella época haciendo uso del valor del dólar en ese momento era de más de $500,000, 000 de dólares; hoy día esa cantidad de dinero tendría un valor de once billones de dólares. Estos tres hombres fueron motivados a abordar el “Palacio Flotante”. Tenían que ser destruidos, la mafia sabia que ellos utilizarían sus riquezas y sus influencias para oponerse al ilegal establecimiento del Banco de Reserva Federal o FED, y también se opondrían a las varias guerras que se estaban planificando.
Cuando el Titanic partió de la parte sur de Inglaterra el diez de abril de 1912, Frances Browne, el maestro secreto de Edward Smith abordó el Titanic. Este hombre era el dirigente de las sociedades secretas más poderosas en toda Irlanda y respondía directamente al general de la Orden Mundial. A bordo del Titanic, esa noche, Edward Smith, capitán del barco, sabía cuál era su labor. Estaba bajo juramento, el barco se había construido para ese propósito. Luego de tres días en el mar, con sólo un par de binoculares para ver en la proa, Edward Smith aceleró el Titanic a su máxima velocidad, a veintidós nudos de velocidad, en una noche oscura, en un océano completamente lleno de hielo cerca de un área de 80 millas cuadradas. Edward Smith hizo todo esto a pesar de que había recibido por lo menos ocho telegramas, advirtiéndole que navegara más despacio ya que estaba navegando demasiado rápido.
¿Necesitaría Edward Smith siquiera un aviso? No, el había navegado esas aguas por veintiséis años. Él sabía que había “icebergs” en esa área. Pero ni siquiera ocho avisos detuvieron a ese hombre que estaba sometido bajo el juramento chantajista de las sociedades secretas y bajo órdenes específicas de destruir el Titanic. Resultaba absurdo hacerle repetidas advertencias al Capitán Edward Smith, en cuanto a reducir la velocidad del Titanic en la noche de la tragedia, era algo que parecía absurdo. El hecho de que Smith nunca escuchó las advertencias resulta loco. A él se le había impartido órdenes y nada le haría retroceder. Las enciclopedias muestran una imagen trágica de Smith en sus últimos momentos. En el momento en que vino la orden de bajar los salvavidas, Smith dudó y uno de sus ayudantes tuvo que enfrentarse con él para que diera la orden. Las destrezas legendarias del liderato de Smith parecían haberlo abandonado; curiosamente estaba indeciso y demasiado cauteloso en esa noche fatal.
Una de las más grandes tragedias del siglo veinte, el hundimiento del Titanic se encuentra ligado directamente a las sociedades secretas. El barco que supuestamente era indestructible, el palacio flotante, fue creado para convertirse en la tumba de los ricos que se oponían al Sistema de Reserva Federal. Para el 9 de abril de 1912, se eliminaron todas las oposiciones que había a la creación de la Reserva Federal. En diciembre de 1913, surgió en medio de trampas legislativas y complicidades gubernamentales, el Sistema de Reserva Federal en los Estados Unidos. Ocho meses después, la mafia mundial tenía fondos suficientes a través del Banco de Reserva Federal, para comenzar la Primera Guerra Mundial. El Banco de Reserva Federal fue creado para financiar a sus monigotes de la Primera y Segunda Guerra Mundial, entre los mencionados están Adolfo Hitler, Mussolini, Franco, Lenin, León Trotski etc. ¿Si el Banco de Reserva Federal es controlado y administrado por americanos, cómo pudieron haber financiado a un enemigo mortal como Hitler, quien avalaba todo lo que la Constitución americana condena? el Banco de Reserva americano no es realmente americano; se trata de un enemigo de USA financiando a otro enemigo de USA.
Los orígenes de esta conspiración
Los orígenes de las sociedades secretas datan desde las culturas más antiguas como la sumeria, la babilónica y egipcia, que pretendían monopolizar la heredad de un encumbrado conocimiento, que les facilitaría como élite, reorganizar un nuevo gobierno en el mundo conocido; siendo su principal filosofía la del absolutismo plutocrático o soberanía del dinero, a expensas de la plena esclavitud de los pueblos. Estas sociedades secretas se han mantenido hasta hoy, transformándose e infiltrándose imperceptiblemente en las diferentes instituciones de mayor credibilidad del mundo, esto ha sido así durante toda la historia universal, tienen por norma explotar la fe que inducen las instituciones de más credibilidad en las masas y llevar a cabo impunemente sus propósitos y con la menor sospecha.
Para lograrlo han tenido que ejercer constantemente cambios, para disimularse entre la sociedad. Ya en estos dos milenios, terminan infiltrándose en el cristianismo del primer milenio, y después presentando su brazo armado y conquistador en los antiguos caballeros cruzados o templarios, actualmente las sociedades secretas se lucen como las herederas de las labores y objetivos de aquellos tiempos pasados y de la lucha armada o cruzadas. Encubiertamente han pretendido, en estos últimos 1630 años, en nombre de la fe cristiana, restablecer en todo el mundo el dominio del antiguo imperio romano; ya no desde Roma, sino desde Jerusalén, usando el pretexto que debía ser un imperio netamente cristiano, pero su fin es simplificar o monopolizar la
preeminencia y autoridad de su organización, verdaderamente mercantil y militar, para alcanzar el pleno dominio y finalmente darse a conocer como lo que son efectivamente.
A través de los últimos siglos de esta era, demostrándose infructuosas y deshonrosas todas sus incursiones o cruzadas, estos “iluminados”, fueron deshaciéndose de su pública identidad por causa de su propia ignominia histórica, como la “santa inquisición” y el Índice y las mismas cruzadas. Así, de cruzados y caballeros templarios, fueron transformándose y dispersándose en las diversas y modernas sociedades secretas actuales. Organizaciones nuevas en el ámbito económico y religioso, interrelacionadas por órdenes, jerarquías y grados.
Como los bafomet o templarios, el Comité de los 300 o Iluminatis (familias "elite" más ricas), los Bilderbergers, los Caballeros de Malta, los Skull & Bones o Huesos y Calaveras, los Caballeros de Sion, los Iluminados de Baviera, las logias orientales, Propaganda Due o P-2, los Banksters (Banqueros Gángsters), la Orden Rosacruz, la Francmasonería, los Rothschilds en Inglaterra, los Morgan y los Rockefellers en América, los Bronfmans en Canadá y también abiertamente en la iglesias cristianas; como el homosexualismo en la iglesias episcopalianas de Inglaterra; estos últimos son prácticamente quienes dirigen, encarnan y ubican las diferentes corporaciones en el mercado y el mundo político y religioso; por eso encontramos muchos líderes mundiales y nacionales que no se les conoce mujer.
Es un elitismo, que se identifica entre ellos a través de signos, contraseñas, códigos y saludos secretos, además de que lo hagan, entre ellos, para reconocerse sus rangos; también se desenvuelven de este modo, para que no quede lugar a duda de sus hechos y responsabilidades en todos los acontecimientos mundiales, sean beneficiosos o perjudiciales, siendo esta una de sus armas más sutiles. Su fin es convencer, disuadir y generar una obediencia incondicional entre sus miembros. Para esto último, más que dinero o persuasión, utilizan la amenaza a sus propios subordinados, con pruebas y testimonios deshonrosos, de estos mismos; para que sin dudar, lleguen a ser sus perfectos e inexplicables títeres. Esto explica porque tantos dirigentes en el mundo, con testimonios cuestionados, permanezcan en esos sitiales, sin ser atacados por los juzgados y ni siquiera por los medios de comunicación que representan una izquierda o derecha.
Se nota mucho en el caso de los pederastas de la dirigencia católica, que a pesar de sus comprobadas violaciones a menores de edad, tales enfermos sexuales son transferidos sin culpa a otras parroquias, sin ninguna consideración para sus nuevas víctimas; y lo que es peor, son constante y velozmente ascendidos, todo lo contrario sucede con sacerdotes honorables, de excelente palabra y testimonio, de entrega absoluta a su comunidad y que mueren de viejos, permaneciendo siempre como simples curas del pueblo. Las sociedades secretas promueven y auspician la violación de la ética y la moral, para obtener con ella el chantaje, lo que no pueden alcanzar con la sugestión y el dinero. Con esta premisa, se infiltran en todas las instituciones estadales y privadas, principalmente las ejecutivas, judiciales, militares y comunicativas, para conseguir la absolución del culpable y la ignominia de sus víctimas.
Al denunciar John F. Kennedy públicamente la peligrosa influencia de las sociedades secretas en todos los ámbitos humanos y resaltar la decisión de develar la conspiración contra América, la CIA le dio un verdadero golpe de estado. Así las sociedades secretas lo ejecutan lo antes posible, con la complicidad de los organismos que se encargaban de velar por la seguridad del presidente, planean aniquilarlo en plaza Dealey, de forma piramidal en Dallas, Texas; para de este modo, enviar un mensaje de disuasión y ciega obediencia a los diferentes miembros de las sociedades secretas, haciendo doblez la pirámide de la plaza Dealey con el “ojo que todo lo ve” que está en la pirámide del billete de un dólar, que reseña "Novus Ordo Seculorum" o “Nuevo Orden Mundial”, razón de ser y brújula de todos estos movimientos.


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