Toma la pastilla roja!!!

BIENVENIDO Y TOMA LA PASTILLA ROJA "...Eres un esclavo, Neo/ Igual que los demás, naciste en cautiverio/ naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar/ Una prisión para tu mente/ Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix/ Has de verla con tus propios ojos/ Esta es tu última oportunidad/ Después, ya no podrás echarte atrás/ Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará)/ Despertarás en tu cama y creerás/ lo que quieras creerte/ Si tomas la roja, te quedas/ en el País de las Maravillas/ y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos/ Recuerda/ lo único que te ofrezco es la verdad/ Nada más..."

miércoles, 11 de julio de 2018

CRISTO, MAITREYA, JESÙS & ASOC



 


Maitreya’ suele ser un nombre extraño para el mundo occidental. En cambio ‘Cristo’ y ‘Jesús’ son de sobra conocidos, incluso por quienes carecen de ‘formación cristiana.’

Tanto así, que la inmensa mayoría confunde a Jesús con el Cristo, en circunstancias que, de hecho, son dos entidades diferentes.

El Cristo, Mesías, Ungido, Salvador... corresponde a la Segunda Persona de la Deidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Hijo; el tercio amoroso.

Y muy cierto es que 'en aquel tiempo' en Judá, Jesús—un Ser humano aun—encarnó al Cristo para traer a la humanidad su mensaje, para enclavar en nuestro Planeta la semilla del sentimiento amoroso; y cuando se dice esto se hace mención a una expansión infinita del sublime afecto: comprender de manera integral que los Seres humanos somos todos hojas del mismo árbol; y esto es mucho más que una frase poética... es una realidad inmensa, tan grande como el Universo mismo.

En nuestra realidad, el Sistema Solar que habitamos, donde vivimos y tenemos el Ser, es—para nuestra existencia mortal—el cuerpo físico de una Deidad. Es obvio que hay Entidades tremendamente mayores que esta, pero escapan por ahora a nuestra comprensión así como a la extensión de estas líneas.

La Entidad cuyo cuerpo de manifestación físico es el Sistema Solar, es mencionada en la literatura esotérica profunda, como el 'Logos Solar'.

Este Logos Solar (que por fortuna de desconoce su nombre o de otra forma habría ya una Web con su respectiva caterva de 'canalizadores') puede ser analizado empleando la analogía (recordando que cualquier esquema es meramente eso: un dibujo empleado para aportar luz...) como constituido a su vez por tres estamentos espirituales: su voluntad de Crear y Manifestarse mediante un Sistema Solar—el 'Padre'; su capacidad de Acoger esta Creación—el 'Hijo'; y su inteligencia para discernir los cambios y el derrotero para que la Creación logre el objetivo para el cual fue creada—el 'Espíritu Santo'.

Empleo hasta aquí la trinidad cristiana por ser la más conocida y popular (en este lado del mundo), sin que por ello la trimurti hindú sea inadecuada: Brahma; Vishnu; y Siva; porque al fin y al cabo las trinidades del campo místico son equivalentes ya que Dios es uno sólo y sólo las diferencias de los inicios de cada cultura dieron por resultado estas 'divergencias' que no son tales.

Pues bien, esta segunda Persona—y quienes tienen alguna formación cristiana podrán recordar el catecismo cuando se les decía que Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres personas distintas pero un sólo Dios no más... Esta segunda persona divina, el Hijo, Vishnu, el Cristo Solar, encarna de vez en cuando en la Tierra.

En el capítulo 4, 7ª entrada del Bhagavad Gita ('El Canto del Señor', libro canónico hindú), es justamente Vishnu quién hablando por boca de Krishna, dice:
“Siempre que el bien decae extinguiéndose poco a poco, y en su lugar predominan la maldad y el orgullo, Mi Espíritu se manifiesta en forma humana sobre esta tierra.”
Y así fue que, durante el reinado romano, esta entidad fue llamada desde lo más elevado a encarnar una vez más en la Tierra.

En general, el Universo se halla en constante proceso evolutivo. Y bien pudo Vishnu encarnar de forma directa en el príncipe guerrero Rama en alguna época muy pretérita, de la que no tengo una fecha en certeza, así como en esa otra entidad tan querida por los hindúes: Krishna.

En aquellos tiempos, y dadas las condiciones 'ambientales' de nuestra Tierra, era posible para tal entidad (Vishnu), encarnar, nacer de mujer y ocupar un cuerpo humano.

Diferente fue la situación al despuntar la Era de Piscis. La grandeza espiritual de Vishnu de tal grado era ya, que se hallaba imposibilitado para generar nuevamente un cuerpo nacido de mujer y habitarlo para realizar su misión.

Es más, tampoco la innegable grandeza de Jesús alcanzaba para que su cuerpo orgánico pudiera 'encarnar' a Vishnu. Fue requerido entonces, la intervención de otra entidad, intermedia, que hiciera las veces de 'puente' entre ambos. Ese fue, Maitreya.

Maitreya, según la profecía budista, aparecerá entre los hombres en un tiempo bastante futuro, como el nuevo Buda.

Y según el vaticinio que se cita, debe ser en algún tiempo bastante remoto, ya que:
Profecía del Buda sobre Maitreya
“En la época de la gente que tendrá una longevidad de 80 mil años surgirá en el mundo un hombre bendito, un arahat, un buda totalmente iluminado de nombre Maitreya, dotado de sabiduría y conducción, un bienhechor, conocedor de los mundos, incomparable adiestrador de los hombres que deben ser domados, maestro de dioses y humanos, iluminado y bendito, tal como ahora soy yo.

Él sabrá todo perfectamente, gracias a su conocimiento supremo y lo proclamará a este universo, con sus devas, maras y bramhas, sus ascetas y brahmines y esa generación con sus príncipes y su gente, tal como ahora lo hago yo.

Él enseñará el Dhamma, apreciable en su comienzo, apreciable en la mitad y apreciable en su final, en el espíritu y en la letra y proclamará, como yo lo hago ahora, la vida noble en su plenitud y pureza. Le asistirá una compañía de miles de monjes, así como ahora a mí me asisten cientos...
(Maurice Walshe, traductor, The Long Discourses of the Buddha, Wisdom Publications, Londres 1995, pp. 403-404)
En la época de la gente que tendrá una longevidad de 80 mil años...”  Caramba: eso es apostar fuerte...

Si son en efecto, palabras del Buda Gautama, podemos depositar la fe ellas. Después de todo, si tomamos en cuenta que ese período equivale apenas a poco más de 22 años de los alienígenas que nos generaron, los llamados Anunnaki o ‘dioses’ en las diferentes culturas, no se vislumbra como un imposible sino lo contrario, ya que Nibiru el planeta hogar de los Anunnaki se toma 3600 aprox. en orbitar al Sol, y el augurio dice que Maitreya será maestro de dioses y humanos…

Mientras tanto, este Maitreya va y viene entre los mundos, entre la vida manifestada y la no manifestada en la sustancia. Sin romper la tradición ni quebrar la profecía, nace de mujer de vez en cuando, aunque su identidad como tal, permanece silenciosa. Tampoco sus discípulos, los Maestros de Sabiduría, cuando nacen de mujer, les ocurre con el título de maestría bajo el brazo. Prefieren pasar inadvertidos y realizar su dharma a través de algunos de sus propios estudiantes avanzados.

Referencias de Maitreya encontramos en un texto del Dc. Daisetz Teitaro Suzuki, profesor de filosofía budista en la Universidad Otani, Kioto. En su célebre ‘Manual de Budismo Zen’ dice, de los bodhisattvas, en referencia a las diversas estatuas de los templos:
“Cuando Sakyamuni no se halla en le Sala Principal del Buda, en su lugar está entronizado uno de los siguientes Bodhisattvas:
·      Monju (Manjusri)
·      Fugen (Samantabhadra)
·      Kwannon (Avalokitesvara)
·      Yakushi (Bhaishajyaguru)
·      Miroku (Maitreya)
·      Jizo (Kshitigarbha), o a veces, Kokuzo (Akasagarbha)… [ ] …
Miroku (nombre japonés de Maitreya) es el Buda futuro y actualmente tiene su morada en el Cielo Tushita, esperando su tiempo de aparecer entre nosotros. Es también esencialmente compasivo, como su nombre lo implica. A veces, se le llama Buda y otras, Bodhisattva. Aunque se supone que está en uno de los cielos, con frecuencia se encuentra en la tierra.

Maitreya carece del deseo de ser reconocido por la humanidad.

Hasta sus propios discípulos se hallan a veces en su presencia sin notarlo.

Así pues, este Maitreya ha disfrutado de una muy peculiar existencia tanto sustancial como abstracta, que le ha permitido desarrollar cualidades desconocidas para el resto de congéneres humanos. Porque eso ha de quedar muy en claro: Maitreya es un Ser humano, y cuando nace de mujer es una persona como cualquiera de nosotros: debe aprender a comunicarse, está sujeto a las leyes temporales de hambre y el envejecimiento, y también, se enamora.

Sólo recupera la memoria de ser quién es después de duros esfuerzos y entrenamientos espirituales guiados por nobles instructores; y en ocasiones, ni siquiera ha sabido quién es, hablando en términos puramente espirituales.

En este Universo, todos, desde el más humilde átomo hasta la más elevada Entidad, disponen de conciencia, y el cuerpo de manifestación sustancial es acorde al grado de conciencia.

Pues, hoy en día, el desarrollo de conciencia alcanzado por el Logos Solar hace que Sus 'personas' (Brahma, Vishnu y Siva; o Padre, Hijo y Espíritu Santo) se vean impedidas de nacer de mujer, y más que eso aun: Sus cuerpos más inferiores rebasan en mucho los cuerpos 'superiores' o abstractos que cualquier Maestro pueda manifestar, al menos en la época de Jesús.

Esa cualidad diferenciadora entre la segunda persona, el Cristo Solar o Vishnu y Jesús, imposibilitaba una 'encarnación' directa de Cristo en Jesús.

Pero Maitreya dispone de cuerpos sutiles que alcanzan a tocar las hilachas de Vishnu, y sin nacer de mujer, es decir manteniendo su existencia en el plano abstracto, podía al mismo tiempo encajar su Ser en un cuerpo humano como el que ofrecía Jesús.

Y eso fue exactamente lo que se realizó durante la operación Cristo en Judea.

Por ello es que con gran facilidad toda clase de sanaciones y otros prodigios fueron manifestados a través de Jesús. Durante la jornada diurna, su maestro Maitreya entraba en el cuerpo físico de Jesús. Y cuando era necesario, el mismo Vishnu actuaba y lo que llamamos 'milagros' fluían.

Durante las noches, Jesús recuperaba su cuerpo físico para si y se apretaba al regazo de María Magdalena, su mujer.

¿Quién o quienes sufrieron el dolor de la crucifixión?: Misterio...

¿Quién resucitó? Jesús, obviamente... de ahí que apenas lo vio a la distancia, María Magdalena (y también su madre María) lo reconoció al instante; en cambio sus discípulos, que lo veían siempre con una cara mezcla de Jesús y Maitreya (y quizá cuántas veces con el semblante lleno de la radiación crística), fueron incapaces de reconocerlo cuando una noche—ya resucitado—les indicó donde echar las redes y después de una pesca anormalmente abundante compartió con ellos peces asados...
sólo lo reconocieron días después, porque apareció en la sala donde se hallaban, sin pasar por la puerta sino 'materializándose' delante ellos...
(Mateo 28. 1-10; Marcos 16. 1-8; Lucas 24. 1-10; y Juan 20. 1-2 para el reconocimiento.)
Como ejemplo: leemos en Marcos 16, 9 acerca de su reaparición:
Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena... [ ] …Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Luego de esa experiencia Maitreya prosiguió su caminar, aunque algunas palabras dejó aun escapar por boca de Jesús, como su promesa de retirarse a la morada celestial a preparar espacio para todos...

¿Qué ha sido mientras tanto, del Cristo Solar?

Misterio... pero según sus propias palabras, citadas anteriormente:
“Siempre que el bien decae extinguiéndose poco a poco, predominando en su lugar la maldad y el orgullo, Mi Espíritu se manifiesta en forma humana sobre esta tierra.”
¿Estamos en una época en que la maldad y el orgullo predominan sobre la bondad y la fraternidad?

Si así es, de alguna forma su promesa debería hacerse materia en nuestro mundo. Sin embargo, la forma en que esto ocurra, nadie lo sabe. Ni siquiera Maitreya.

Mantengamos fuerza de fe, no en lo que 'Dios' pueda hacer por nosotros, sino en lo que nosotros mismos hacemos por desarrollar la autoconciencia.

 


LA REENCARNACIÓN A TRAVÉS DE LAS EDADES




La creencia y doctrina de la reencarnación o pluralidad de existencias en diversas vidas humanas, es conocida y sostenida desde la antigüedad por las diversas religiones y enseñada en escuelas filosóficas, algunas con la denominación de «transmigra­ción del alma» y otras con la de «renacimientos».
Esta es una doctrina milenaria. Ya la encontramos en todos los pueblos primitivos y en las diversas culturas, lo mismo que todas las religiones, en sus sabios orígenes la han sustentado.
Los llamados Magos por los caldeos y persas, eran maestros de la Sabiduría Oculta, que enseñaba la doctrina de los renaci­mientos, como una de las verdades fundamentales. Y sostenían que el alma era un ser espiritual complejo y pasaba por una serie de existencias terrestres y en otros mundos, hasta que finalmente alcanzaba un grado de pureza tal, que quedaba relevada de la necesidad de nuevas encarnaciones, y desde entonces habitaba en la región de la inefable gloria.
Los egipcios enseñaban la reencarnación ya 3.000 años an­tes de nuestra era, con estas palabras: «Antes de nacer, el niño ha vivido ya y la muerte no termina en la nada. La vida es un devenir, que transcurre semejante a un día de sol, que recomenzará».
De los egipcios pasó a los griegos, por Pitágoras y sus discí­pulos. Sócrates, Platón, Empédocles, Apolonio y muchos otros, la popularizaron.
Pitágoras enseñaba que, la doctrina de la reencarnación, te­nía en cuenta la desigualdad observable en la vida terrestre de los hombres. «Una vida en la carne, no es más que una anilla en la larga cadena de la evolución del alma»-
—decía Pitágoras a sus discípulos ya más avanzados, en el grado teogónico—. Y algunas veces, les refería pasajes de alguna de las últimas cuatro vidas que recordaba (1).
Asimismo, Platón enseñaba la doctrina del renacimiento. Decía: «Para que en esas nuevas vidas, las almas de los muertos des­gasten sus malas acciones pasadas». Afirmaba que: «Las almas reencarnadas lo hacen en cuerpos que se asemejan a los que tuvieron en vidas anteriores, e igualmente en instinto y tendencias adquiridas por anteriores experiencias». Entre esas experiencias heredadas de vidas pasadas, colocaba Platón las ideas innatas.
Las escuelas de Sócrates y Platón, aseguraban que... «Las almas toman nuevos cuerpos para repetir una y otra vez sus vidas físicas, a fin de desarrollar las facultades de la psiquis y adquirir la sabiduría». Decía también: «las almas vuelven del Hado, y los se­mejantes son atraídos por los semejantes». Y en «FEDON» pode­mos leer: «El alma es más vieja que el cuerpo. Las almas renacen sin cesar del Hado, para volver a la vida actual».
La escuela de Hermes (2) ya sostenía que: «Las almas ba­jas y malas permanecen encadenadas a la Tierra por múltiples renacimientos: pero, las almas virtuosas suben volando hacia las esferas superiores».
Ya en nuestra era, Porfirio, filósofo neoplatónico, discípulo de Orígenes y de Plotino (siglo III), con otros filósofos neoplatónicos, enseñaba también la doctrina de la reencarnación.
Ammonio Saccas, filósofo alejandrino del siglo I, conocido, como Theodidaktos por la vastedad de sus conocimientos, soste­nía la doctrina del renacimiento de las almas en nuevos cuerpos, y fue quien la transmitió a San Clemente de Alejandría, padre de la primitiva iglesia. La famosa escuela de Alejandría, que en los tiempos del Mesías estaba dirigida por Filón, profundizó el estudio  del alma y de las civilizaciones pasadas; y dio un mayor esplendor a la doctrina de la reencarnación.
Los neoplatónicos, en diferentes edades, igualmente ense­ñaron la misma doctrina. Plotino, discípulo de Ammonio, de Tia­na, decía: «Es un descubrimiento reconocido desde los tiempos de la antigüedad, que si el alma comete fallos, será condenada a expiarlos sufriendo castigos en tenebrosos infiernos; luego se le permite pasar a nuevos cuerpos y recomenzar sus pruebas». Decía también «Cada alma recibe el cuerpo que le conviene y que está en armonía con sus antecedentes, según sus existencias anteriores».
(1)A los seres ya muy evolucionados, les es posible conocer las últimas vidas pasadas, mediante la actualización de la memoria espiritual o subcons­ciente, y también alcanzando la superconciencia por medio del éxtasis.
(2) Hermes Trimegisto, filósofo, legislador y sacerdote; perteneciente a la Escuela Iniciática del antiguo Egipto, y uno de los grandes iniciados. Se considera que vivió por los años 2670 antes de nuestra era, y como el funda­dor de la ciencia secreta derivada de su nombre. Clemente de Alejandría, le atribuyó 42 tratados.-
Orígenes, discípulo de San Clemente, el más instruido de los padres cristianos, aceptaba la doctrina de las vidas sucesi­vas, que era del conocimiento y creencia común de los primeros tres siglos del cristianismo. Y por ello fue anatematizado en aquel famoso Concilio de Constantinopla II. Decía: «Cada alma recibe un cuerpo de acuerdo con sus merecimientos y sus previas accio­nes». Obsérvese que no dice, que cada cuerpo recibe un alma; sino que: «Cada alma recibe un cuerpo...». Sostenía también que: «Las almas, al caer de un estado elevado, trabajan para recuperar ese estado y gloria, reencarnando repetidas veces». (3). Orígenes denominaba «penas medicinales» a las vidas dolorosas, y que és­tas eran proporcionales a las faltas de las almas encarnadas en nuevos cuerpos, para redimir su pasado y purificarse.
San Gregorio Nacianceno (328-389), decía: «Hay necesidad natural de que el alma sea curada y purificada, y de que, si no lo es en esta vida, lo sea en otras siguientes y futuras».
San Agustín (cuyo nombre era Aurelius Augustinus), en su Libro I de «Confesiones», emplea esta frase: «Antes del tiempo que pasé en el seno de mi madre, ¿no habré estado en otra parte y sido otra persona?». La expresión es tanto más notable, cuanto que San Agustín se oponía a Orígenes en algunos puntos de su doctrina.
(3) Y en una réplica, dejó escrito: «Pero, respecto a estos asuntos que pertenecen al género místico, conviene mantener el secreto: porque, la en­trada de las almas en los cuerpos, no es cosa que comprendan el común de las gentes.»-
Krishna, hacia el año 3000 antes de nuestra era (según la cronología de los brahamanes), dijo: ...«yo y vosotros hemos teni­do muchos nacimientos. Los míos no son conocidos sino por mí, pero vosotros no conocéis siquiera los vuestros», Y en diálogo con su discípulo Arjuna (véase Bhagavad Gita), dice: «Así como el alma residente en el cuerpo material, pasa por las etapas de infancia, juventud, virilidad y vejez: así a su debido tiempo, pasa a otro cuerpo y en otras encarnaciones volverá a vivir y desempeñar una nueva misión en la Tierra».
Los vedas, que son monoteístas al igual que los cristianos, afirmaban la inmortalidad del alma y la vuelta de nuevo a la carne. Sostenían... «Que el alma es la parte inmortal del hombre: que unas almas vienen hacia nosotros y regresan, y vuelven a venir: que todo nacimiento, feliz o desdichado, es la consecuencia de las obras practicadas en las vidas anteriores» .
Y según el Corán, ...«Alá nos envía muchas veces hasta que regresemos a EL».
Ovidio, Virgilio y Cicerón, a través de sus imperecederas obras, aluden frecuentemente a la reencarnación de las almas o vuelta a la vida física. Ovidio cantaba: ...«Las almas van y vienen. Cuando vuelven a la Tierra, dan vida v luz a nuevas formas». Y Virgilio, en «Eneida» (VI, pág. 713) asegura que, el alma al hundir­se en la carne pierde el recuerdo de sus vidas pasadas.
También nuestros antepasados los celtas, sostenían como principio de verdad, la reencarnación. «El Ser —decían los drui­das— se eleva desde el abismo y asciende por etapas sucesivas hasta la perfección, encarnándose en el seno de las humanidades sobre los mundos de la materia, que son otras tantas estaciones de su largo peregrinaje».
El judaismo, religión basada en las enseñanzas de Moisés, mantenía la creencia de la reencarnación. En sus obras, el his­toriador judío Josefo, hace profesión de fe en la reencarnación, y refiere que ésta era la creencia de los esenios y fariseos. Los cabalistas, exégetas judíos, se ocuparon intensamente de la reen­carnación; basta leer: «Transmigración del Alma», del rabí Isaac Luria.
El pueblo hebreo mantenía la creencia de la reencarnación, porque les fue predicada también por los profetas. Estos predi­caban la vuelta a la carne, en diversas expresiones, hoy poco conocidas por falta de divulgación. Sin embargo, a través de las diversas versiones, ha llegado a nuestro tiempo la siguiente del profeta Malaquías: «He aquí, yo os enviaré el profeta Elias, antes de que venga el día grande y tremendo del Señor» (Malaquías IV-5). Y prueba de que entre los hebreos había la convicción de la reencarnación, es el hecho de una comisión enviada por el clero judaico del Sanedrín a Juan el Bautista, a preguntarle si él era el Mesías o era Elias (S. Juan Cap. I ver. 19 al 22).
Alarmado el Sanedrín por la fama que iba alcanzando Juan de Hebrón (el Bautista), e iniciados en la creencia de la reencar­nación de las almas, envían de Jerusalén a sacerdotes y levitas, hombres versados en el conocimiento de las Escrituras, a indagar cual de los profetas históricos podía ser aquel hombre que habla­ba a las gentes lleno de espíritu profético.
Esta vuelta a la vida de la carne, esta nueva encarnación del espíritu de Elias en el niño Juan de Hebrón, hijo de Zacarías e Isabel, y que pasó a la historia con el nombre de Juan el Bautista; es un hecho confirmado por el mismo Mesías, cuando dijo: «Y si queréis oírlo, él es Elias que había de venir (que estaba anuncia­do). El que tiene oídos, que oiga». (S. Mateo XI-14 y 15) (3).
La creencia de la reencarnación de las almas, fue sostenida por los primeros cristianos, como doctrina, en los primeros siglos del cristianismo. En el siglo IV-V, San Jerónimo, secretario del Papa Dámaso I y autor de la Vulgata, en su controversia con Vigi­lantus el Gales, debían aún reconocer que el renacimiento de las almas era la creencia de la mayoría de los cristianos de su tiempo. Mas luego, cuando la Iglesia entró a formar parte del Estado y hacerse autoritaria, esta doctrina comenzó a ser atacada.
La condenación de los puntos de vista de Orígenes, por ejem­plo, y de las teorías gnósticas, por el Concilio de Constantinopla II (año 553), a instancias del emperador Justiniano I, quien promulgó una ley en la que declaraba: «Todo aquel que sostenga la mística idea de la preexistencia del alma y la maravillosa opinión de su  regreso, será anatematizado». Ya en el año 529, Justiniano había ordenado cerrar la antigua Escuela de Atenas, uno de los principa­les centros de cultura desde el período ático.
Esta anatematización (maldición) en aquellos tiempos, significaba la persecución; por lo que, a pesar de ser una creencia sostenida por los primeros cristianos, fue cayendo en el olvido, en las siguien­tes generaciones.
Y en lugar de esta concepción clara del destino en la vida de los humanos, conciliadora de la justicia divina con las desigual­dades y sufrimientos humanos, surgieron un conjunto de dogmas que hicieron la oscuridad en el problema de la vida y alejaron al hombre de Dios. Sin embargo, la creencia en las vidas sucesivas, reaparece en el mundo cristiano en diferentes épocas, en la forma de «grandes herejías» y de las escuelas secretas; pero, fue aho­gada por la persecución cruel, en las mazmorras de la Inquisición y en las llamas de las hogueras, en la que millones de seres hu­manos fueron inmolados en esa época de oscurantismo medieval, por aquellos que se denominaban a sí mismos representantes de Cristo en la Tierra y sucesores de Jesús, que predicó y practicó el amor.
Como todo principio de verdad, surge cual Ave Fénix de sus propias cenizas. Y así vemos un grandísimo número de personajes de las diversas ramas del conocimiento humano, y también dentro de las filas del cristianismo, sosteniendo la verdad de la pluralidad de existencias humanas del ser espiritual.
El eminente cardenal belga, Mons Mercier (1851-1926) al pregun­társele si existía la reencarnación, se limitó a decir: «No se puede negar que existe».
El arzobispo Puacher Passaralli, de la orden de los capuchi­nos, predicador apostólico adjunto al Santo Sínodo (Vaticano) es partidario de la tesis de la reencarnación. En escrito al Senador Taurredi, su compañero en creencias, dice:
«Si fuese posible po­pularizar la idea de la pluralidad de existencias en este mundo, sería un medio de realizar la voluntad divina, de permitir al hombre expiar sus pecados, purificarse y esforzarse en ser digno de Dios y de la vida inmortal. Esto sería un gran paso que resolvería intrin­cados y dolorosos problemas que angustian al alma humana».
(3) Página 33 del Nuevo Testamento - La Editorial Católica, S.A., 1964, y página 55, 1968.
Podrían citarse cientos de nombres; pero a falta de espacio, referiremos tan sólo dos militantes en campos opuestos:
Antonio Fed. Ozaban, escritor católico del siglo pasado y uno de los fundadores de la Sociedad San Vicente de Paúl, en su obra «Dante et la Philosophie Catolique aux XIII Siecle», reconoce que el plan de la «Divina Comedia», sigue muy de cerca las grandes líneas de la civilización antigua, basada en la pluralidad de exis­tencias.
José Mazzini, célebre patriota italiano, apostrofando a los obispos en su obra «Dal Concilio a Dio», dice: «Nosotros creemos en una serie indefinida de reencarnaciones del alma.devida en vida, de mundo en mundo, de las cuales, cada una constituye un progreso sobre la que la había precedido. Nosotros podremos vol­ver a empezar el viaje recorrido cuando hayamos merecido pasar a un grado superior: pero, jamás podremos retrogradar ni morir espiritualmente».
Y este fundamento de progreso espiritual por medio de los re­nacimientos, ha surgido de nuevo, en nuestro mundo occidental a mediados del siglo pasado, por el esfuerzo de ese gran misionero del espiritismo, Hipólito León Denizart Rivail, más conocido con el nombre de Allan Kardec; quien ha contribuido grandemente a dar nueva vida a esta verdad. Y gracias a él y a la filosofía y doctrina espiritista o espirita, de la cual él fue fundador y codificador, la verdad de la reencarnación se ha extendido por todo el Occidente, contando ya con muchos y muchos millones de partidarios que tie­nen la valentía de desafiar los prejuicios religiosos. Y si en nuestro país no está tan divulgada, ha sido por la coartación de la libertad ejercida por los convencionalismos de las mentalidades anquilo­sadas y retrógradas.
                                                                                                                             SEBASTIAN DE ARAUCO 
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