Toma la pastilla roja!!!

BIENVENIDO Y TOMA LA PASTILLA ROJA "...Eres un esclavo, Neo/ Igual que los demás, naciste en cautiverio/ naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar/ Una prisión para tu mente/ Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix/ Has de verla con tus propios ojos/ Esta es tu última oportunidad/ Después, ya no podrás echarte atrás/ Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará)/ Despertarás en tu cama y creerás/ lo que quieras creerte/ Si tomas la roja, te quedas/ en el País de las Maravillas/ y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos/ Recuerda/ lo único que te ofrezco es la verdad/ Nada más..."

jueves, 2 de abril de 2015

PASION Y MUERTE DE JESUS - LOS HECHOS REALES

Fragmento de
Fragmento del
EL EVANGELIO DE ACUARIO DE JESÚS EL CRISTO transcripto por Levi H. Dowling desde los archivos akashicos

Capítulo 160

Jesús y los doce comen la comida de la pascua solos en casa de Nicodemus. Jesús lava los pies a los discípulos. Judas abandona la mesa y se va a traicionar al Señor. Jesús enseña a los once. instituye la cena del Señor.

1. El jueves por la mañana. Jesús llamó a los doce discípulos y les dijo: Este es el día del recuerdo de Dios. Comeremos completamente solos la cena pascual.

2. Entonces dijo a Pedro, Santiago y Juan: Id ahora a Jerusalem y preparad allí la cena.

3. Y los discípulos dieron: ¿Dónde querrías que sea el lugar en el que preparemos la fiesta?

4. Y Jesús dijo: Id por la puerta de la fuente. Allí veréis a un hombre con una cántara en la mano: Habladle y decidle: Este es el primer día del pan sin levadura;

5. El Señor desea que le separes tu salón de banquetes para que pueda comer allí su última comida del paso con los doce.

6. No temáis hablar. El hombre que veréis, es Nicodemus, uno de los gobernantes de los judíos, y sin embargo, un hombre de Dios.

7. Y los discípulos fueron y encontraron al hombre tal como Jesús había dicho y Nicodemus se apresuró en ir a su casa. El salón de banquetes, un cuarto en el piso alto, fue separado y la cena fue preparada.

8. Ahora bien, en la tarde el Señor y los discípulos fueron a Jerusalem y encontraron la cena lista.

9. Y cuando llegó la hora de la cena, los doce comenzaron a disputar entre ellos, cada cual en el ansia de conseguir los asientos de honor.

10. Y Jesús dijo: Amigos: ¿Vais a disputar, por egoísmo, precisamente cuando las sombras de la noche de depresión se aproximan?

11. No hay asientos de honor en el banquete de los cielos, excepto para aquel que toma humildemente el ínfimo asiento.

12. Y entonces Jesús se levantó y tomó una palangana llena de agua y una toalla, y doblándose lavó los pies de todos los doce y les secó con la toalla.

13. Respiró sobre ellos y dijo: Y ojalá que estos pies caminen en la vía de rectitud por siempre.

14. Se acercó a Pedro e iba a lavarle los pies, cuando éste dijo: Señor, ¿me vas a lavar los pies?

15. Y Jesús dijo: No comprendes el significado de lo que estoy haciendo, pero lo comprenderás.

16. Y Pedro dijo: No, mi Maestro, no. Tú no te doblarás para lavarme los pies.

17. Y Jesús dijo: Mi amigo: si no te lavo los pies no tienes parte conmigo.

18. Y Pedro dijo: Entonces, oh, mi Señor, lávame ambos pies y las manos y la cabeza.

19. Y Jesús le dijo: Quien se ha bañado está limpio y no necesita lavarse, excepto los pies.

20. Los pies son verdaderamente símbolos de la comprensión con el corazón del hombre; quien quiera ser limpio, ha de lavar bien su comprensión diariamente en el arroyo viviente de la vida.

21. Entonces Jesús se sentó con sus discípulos a la mesa y dijo: Oíd la lección de la hora.

22. Me llamáis Maestro. Lo soy. Si pues, vuestro Señor y Maestro se arrodilla y os lava los pies ¿no deberíais el uno lavar los pies del otro, mostrando así voluntad de servir?

23. Vosotros sabéis estas cosas y si las hacéis sois tres veces benditos:

24. Y entonces dijo: Este es el momento en el que verdaderamente puedo ensalzar el nombre de Dios; porque mucho he deseado comer con vosotros esta cena antes que yo pase el velo.

25. Porque no la comeré otra vez hasta que de nuevo la coma con vosotros en el reino de nuestro Padre Dios.

26. Entonces todos cantaron el himno hebreo de la alabanza que los judíos tenían que cantar antes de la fiesta.

27. Y entonces todos comieron la pascua, y mientras comían el maestro dijo: Mirad que uno de vosotros se alejará de nosotros esta noche y me entregará en manos perversas.

28. Los discípulos se asombraron de lo que decía, se miraban unos a otros las caras, maravillados, y exclamaron: ¿Señor, soy yo?

29. Y Pedro le dijo a Juan que estaba sentado al lado del Señor: ¿A quién se refiere?

30. Y Juan extendiendo la mano tocó la mano del maestro y dijo: ¿Quién de nosotros es tan depravado que pueda entregar a su Señor?

31. Y Judas dijo: Señor; ¿soy yo?

32. Y Jesús dijo: Es el que ahora tiene la mano con la mía en el plato. Todos miraron y vieron que la mano de Judas estaba con la mano de Jesús en el plato.

33. Y Jesús dijo: Los profetas no pueden errar. El hijo del hombre tiene que ser entregado, pero infortunio para aquel que entregue a su Señor.

34. Y en el instente Judas se levantó de la mesa. Su hora había sonado.

35. Y Jesús le dijo: Haz pronto lo que vas a hacer. Y Judas salió y se fue.

36. Y cuando la cena hubo terminado, el Señor con los once se sentó por algún tiempo en pensamiento silente.

37. Entonces Jesús tomó un pan que no había sido comenzado y oró: Este pan es símbolo de mi cuerpo. El pan es símbolo del pan de la vida.

38. Y así como despedazo este pan, así mi carne sería despedazada como prototipo para los hijos de los hombres. Porque los hombres deben abandonar libremente sus cuerpos en sacrificio voluntario por otros hombres.

39. Y así como coméis este pan así comeréis el pan de la vida y nunca moriréis. Y entonces dió a cada uno un pedazo de pan para que lo comieran.

40. Y entonces tomó la copa de vino y dijo: Sangre es vida. Esta es la sangre, vida de la uva. Es el símbolo de la vida de aquel que da su vida por los hombres.

41. Y así como bebéis este vino, si lo bebéis en fe, beberéis la sangre del Cristo.

42. Y entonces gustó y pasó la copa y los discípulos gustaron. Y Jesús dijo: Esta es la festividad de la vida, el gran paso (pascua) al otro lado, del hijo del hombre. La cena del Señor. Y vosotros con frecuencia comeréis el pan y beberéis el vino.

43. De hoy en adelante este pan será llamado el pan del Recuerdo; este vino será el vino del Recuerdo y cuando comáis este pan y bebáis este vino, recordadme.


Capítulo 161

Jesús enseña a los once. Les dice que todos ellos se le separarán y que Pedro le negará tres veces antes de la mañana. Habla palabras finales de estímulo. Promete al Vivificador.

1. Ahora bien, después que Judas se fue a reunir a los emisarios de los sacerdotes y a entregar a su Señor.

2. El maestro dijo: La hora ha llegado. El hijo del hombre va ahora a ser glorificado.

3. Hijitos míos: ya no estaré con vosotros sino un cortísimo tiempo. Pronto me buscaréis y no me encontraréis, porque a donde voy, vosotros no podéis venir.

4. Os doy un nuevo mandamiento: Como os amo y doy mi vida por vosotros, así debéis amar al mundo, dando vuestra vida para salvar al mundo.

5. Amaos los unos a los otros como os amáis a vosotros mismos. Entonces el mundo sabrá que sois hijos de Dios, discípulos del hijo del hombre y a quien Dios ha glorificado.

6. Y Pedro dijo: Señor, a donde tú vayas yo iré, pues estoy listo a dar mi vida por mi Señor.

7. Y Jesús dijo: No te jactes de valentía, amigo mío. No eres suficientemente fuerte para seguirme esta noche.

8. Óyeme Pedro: Tres veces me negarás antes de que el gallo cante por la mañana.

9. Y entonces paseando la mirada sobre los once dijo: Vais a separaros de mi esta noche.

10. Ya dijo el profeta: He aquí que él será golpeado, el pastor del rebaño. El rebaño se desbandará y huirá.

11. Pero cuando me levante de los muertos, he aquí que regresaré. Entonces iré ante vosotros a Galilea.

12. Y Pedro dijo: Mi Señor, aunque te abandone todo hombre, yo nunca te abandonaré.

13. Y Jesús dijo: Oh, Simón Pedro, tu entusiasmo es más grande que tu fortaleza. Mira como Satán viene a cernirte como arnero de trigo, Pero yo he pedido que tu fe no fracase; que después de la prueba te sea dado mantenerte como una torre de fortaleza.

14. Y los discípulos todos exclamaron: No hay poder alguno sobre la tierra que pueda separarnos de tí o inducimos a negar a nuestro Señor.

15. Y Jesús dijo no permitáis que entren en vuestros corazones sensaciones de tristeza. Todos vosotros creéis en Dios. Creed en mí.

16. Mirad que hay mansiones en mi Patria. Si no las hubiera, yo os lo habría dicho.

17. Voy a mi Patria y prepararé sitio para vosotros para que donde Yo Soy, Vosotros podáis ser. Pero ahora no conocéis la vía a mi Patria.

18. Y Tomás dijo; No conocemos a donde intentas ir. ¿Cómo pues podemos conocer la vía?

19.Y Jesús dijo: Yo soy la vía. la verdad, la vida. Yo manifiesto el Cristo de Dios, Ningún hombre puede venir a mi Patria a menos que venga conmigo por intermedio del Cristo.

20. Si hubierais llegado a conocerme y a comprenderme, habríais conocido a mi Padre–Dios.

21. Y Felipe dijo: Muéstranos al Padre y esperaremos satisfechos.

22. Y Jesús dijo: ¿Todos estos años he estado con vosotros y todavía no me conocéis?.

23. Quien ha visto al hijo ha visto al Padre, porque en el hijo se ha revelado el padre a él mismo.

14. Yo os he dicho tantas veces que lo que yo hablo y lo que yo hago no son palabras y hechos de hombre,

25. Sino que son palabras y hechos de Dios, que vive en mí y yo en él.

26, Oídme vosotros hombres de fe: Quien cree en mí y en mi Padre–Dios, dirá y hará lo que yo he dicho y he hecho.

21. Mas todavía, hará mas portentosos trabajos de los que yo he hecho jamás, porque voy a aquel cuyos trabajos hago y entonces puedo extender la mano para ayudar.

28. Y en mi nombre, por intermedio del Cristo, podéis pedir a Dios y él os concederá lo que solicitéis.

29. ¿Creéis lo que he dicho? Si vosotros creéis y si amáis al Cristo y me seguís, entonces guardaréis mis palabras.

30. Yo soy la viña. Vosotros sois las ramas de la viña. Mi Padre es el agricultor.

31. Las ramas que carecen de valor porque no producen frutos sino solamente hojas secas serán cortadas por el agricultor y arrojadas al fuego para que se quemen.

32. Y él podará las ramas que van a dar fruto para que puedan producir abundantemente.

33. La rama separada de la viña no puede dar frutos. Vosotros no podéis dar fruto si estáis separados de mí.

34. Morad pues en mí y haced los trabados que Dios a través de mí os ha enseñando como hacerlos y daréis frutos y Dios os honrará como me ha honrado a mí.

35. Y ahora, me voy, Pero yo pediré a mi Padre—Dios y él os enviará otro Vivificador que morará con vosotros.

36. Mirad que este Vivificador de Dios, la Santa Respiración, es uno con Dios, pero es uno que el mundo no puede percibir porque no lo ve. No lo conoce.

37. Pero vosotros lo conocéis y lo conoceréis porque él morará dentro de vuestra alma.

38. No os dejaré desolados, sino en el Cristo que es el amor de Dios manifestado a los hombres, y seré con vosotros toda la vía.

Capítulo 162

Jesús revela plenamente la misión de la Santa Respiración. Dice claramente a sus discípulos que va a morir y se entristecen. Ora por ellos y por todo el mundo de los creyentes. Abandonan el salón del Banquete.

1. Ahora bien, Juan estaba profundamente apenado porque el maestro había dicho: me voy, y a donde yo voy, vosotros no podéis ir.

2. Y lloró y dijo: Señor: iré contigo a través de toda prueba y hasta la muerte.

3. Y Jesús dijo: Y tú me seguirás a través de la prueba y a través de la muerte. Pero ahora no puedes ir a donde yo voy. Pero vendrás.

4. Y Jesús volvió a hablar a los once y dijo: No os entristezcáis porque yo me voy porque es mejor que yo me vaya. Si yo me voy, la Santa Respiración, el Vivificador, vendrá a vosotros.

5. Estas cosas os hablo mientras estoy con vosotros en la carne, pero cuando la Santa Respiración venga en Poder, ella os enseñará más y más y os traerá a vuestra memoria todas las palabras que os he dicho.

6. Todavía hay una multitud de cosas que deberían decirse. Cosas que esta edad no puede recibir porque no tiene corazón que las comprenda.

7. Pero yo os digo: Antes que llegue el gran día del Señor, la Santa Respiración hará conocer todos los misterios.

8. Los misterios del alma, de la inmortalidad, la unidad del hombre con todo otro hombre y con su Dios.

9. Entonces el mundo será guiado a la verdad y el hombre será la verdad.

10. Cuando ella venga, la Santa Respiración, el Vivificador, ella convencerá al mundo de su error y de la Verdad que yo he expuesto y de la justicia del Juzgamiento del justo. Entonces el príncipe de la vida materializada será arrojado.

11. Y cuando venga el Vivificador yo no necesitaré interceder por vosotros, porque habréis sido aprobados y Dios os conocerá entonces como él me conoce a mí.

12. La hora ha llegado en la que lloraréis, los perversos se regocijarán de que yo me haya ido. Pero regresaré y todas vuestras penalidades se tornarán en goce.

13. Mas aún, verdaderamente os regocijaréis como aquel que da la bienvenida a su hermano que regresa de los muertos.

14. Y los discípulos dijeron: Nuestro Señor, no nos hables más en proverbios. Háblanos claramente. Nosotros sabemos que eres sabio y que sabes todo.

15. ¿Qué significan tus palabras: me voy, pero regresaré?

16. Y Jesús dijo: La hora ha llegado en que todos vosotros os disperséis y en que todo hombre tendrá miedo.

17. Y huirá para escapar con vida y me dejará solo, pero mi Padre–Dios estará conmigo en todo lo largo de la vía.

18. Y hombres perversos me conducirán a la silla del acusado; y a presencia de las multitudes daré mi vida, para ser un prototipo para los hijos de hombres.

19. Pero me levantaré otra vez y vendré a vosotros.

20. Os hablo de estas cosas para que cuando ellas ocurran, os afiancéis en la fe.

21. Y vosotros sufriréis las bofetadas de los hombres y seguiréis la vía dolorosa que voy a caminar.

22. No os abatáis. Mantened la alegría. Me he sobrepuesto al mundo y vosotros también os sobrepondréis al mundo.

23. Entonces Jesús elevó los ojos al cielo y dijo: Mi Padre–Dios, la hora ha llegado.

24. El hijo del hombre tiene ahora que ser elevado de la tierra. Que no desmaye. Que todo hombre llegue a saber el poder del sacrificio.

25. De modo que como yo doy mi vida por los hombres, los hombres den sus vidas por otros hombres.

26. Vine a hacer la voluntad de Dios y, en el nombre sagrado, el Cristo es glorificado para que los hombres vean al Cristo como vida, como luz, como amor, como verdad.

27, Y para que a través del Cristo lleguen ellos a ser la Vida, la Luz, el Amor, la Verdad.

28. Alabo tu nombre por razón de estos que tú me has dado, porque ellos te han honrado y te honrarán.

29. Y ninguno de ellos será perdido y ninguno de ellos se irá, excepto el ciego, hijo de la vida manifestada, que se ha ido a vender a su Señor.

30. Oh, Dios, perdona a ese hombre que no sabe lo que hace.

31. Y ahora, oh, Dios, vengo a tí y no estoy ya más en vida mortal. Protege a estos hombres a los que he hecho conocer tu sabiduría y tu amor.

32. Así como ellos creen en mí y en las palabras que hablo, que todo el mundo crea en ellos y en las palabras que hablen.

33. Así como me mandaste al mundo, así los he mandado a ellos. Te ruego pues, que los honres como me has honrado a mí.

34. No te pido que te los lleves del mundo, sino que sean protegidos de lo malo del mundo y que no estén sujetos a tentaciones que sean demasiado grandes para ser soportadas por ellos.

35. Hubo un tiempo en que ellos fueron del mundo, ahora ya no son más del mundo, como yo no soy más del mundo.

36. Tu Palabra es Verdad oh, Dios. Deja que por tu palabra sean santificados.

37. No pido solamente por ellos, oh Dios. También pido por aquellos que creerán en mí y que aceptarán al Cristo por razón de lo que hagan y digan, para que todos ellos puedan llegar a ser uno.

38. Como Yo Soy uno contigo y tú eres uno conmigo, permite que ellos sean uno con nosotros.

39. Que todo el mundo pueda conocer que tú me enviaste a hacer tu voluntad y que tú los amas como tú me has amado siempre.

40. Cuando Jesús hubo dicho esto, todos cantaron el canto judío de alabanza y se levantaron y se fueron por su camino.

Capítulo 163

Jesús visita a Pilatos, quien le insta que huya del país para salvar su vida. Jesús rehusa hacerlo. Se reúne con sus discípulos en el huerto de Massalian. La escena de Getsemaní. Aparece la turba judía guiada por Judas.

1. Al salir Jesús y los once, un guardia romano se les acercó y dijo: Salud ¿es alguno de vosotros el hombre de Galilea?

2. Y Pedro dijo: Todos nosotros somos hombres de Galilea. ¿A quién buscas?

3. El guardia replicó: busco a Jesús que es llamado el Cristo. 4 Jesús contestó: aquí estoy.
5. El guardia habló y dijo: No vengo oficialmente. Traigo simplemente un mensaje del gobernador para tí.

6. Jerusalem hierve de judíos vengativos que han jurado quitarte la vida. Y Pilatos, con ese motivo desea que vengas a verle sin demora.

7. Y Jesús dijo a Pedro y al resto: Id al valle y esperadme por el Kidrón. Me voy solo a ver al gobernador.

8. Y Jesús se fue con el guardia y al acercarse al palacio, Pilatos le encontró a la puerta y dijo:

9. Joven, tengo que hablarte algo que es bien para tí. He venido observando tus trabajos y tus palabras por tres años y más.

10. Con frecuencia te he defendido cuando tus compatriotas han pretendido apedrearte como a un criminal.

11. Pero ahora, los sacerdotes, los escribas y los fariseos han soliviantado a la masa poniéndola en estado de desenfreno político y de crueldad e intentan quitarte la vida,

12. Diciendo que has jurado destruir el templo, cambiar las leyes que Moisés les dió, desterrar a los fariseos y a los sacerdotes y sentarte en un trono;

13. Y sostienen que estás en liga íntima con Roma.

14. Las calles de Jerusalem en estos momentos están repletas de una horda enloquecida sedienta de sangre.

15 No hay otro camino de escape para tí que la fuga. No esperes el sol de la mañana, yo conozco el camino hacia la frontera de esta tierra maldita.

16. Tengo una compañía de guardias bien armados y montados. Ellos te llevarán fuera de la zona de peligro.

17. No te quedes joven. Levántate y huye.

18. Y Jesús dijo: Un príncipe noble tiene César en su Pilatos Poncio, y desde el punto de vista del hombre tangible tus palabras están sazonadas con la sal de la sabiduría; pero desde el punto de vista del Cristo, tus palabras son tontería.

19. El cobarde huye del peligro que lo amenaza. Pero quien viene a buscar a los que se han perdido y a salvarlos, está en el deber de dar su vida en sacrificio voluntario por aquellos que ha venido a buscar y a salvar.

20. Antes que la pascua haya terminado he aquí que esta nación estará maldita por haber derramado sangre inocente. Ahora mismo, los asesinos están a la puerta.

21. Y Pilatos dijo: Eso no sucederá. La espada de Roma se desenvainará para salvarte la vida.

22. Y Jesús dijo: No, Pilatos, no. No hay en todo el mundo ejércitos suficientemente grandes para que puedan salvar mi vida.

23. Y Jesús dijo adiós al gobernante y se fue por su camino; más Pilatos envió tras él una guardia doble para que no caiga en manos de aquellos que estaban alerta para matarle.

24. Pero Jesús desapareció en un instante. La guardia no le vio más. y un momento después reapareció en el torrente de Kidrón donde estaban los once

25. Ahora bien, precisamente al otro lado del torrente había un huerto y una casa, donde vivía un hombre, Massalian, y a donde Jesús venía con frecuencia.

26. Massalian era su amigo y creía que Jesús era el Cristo que los antiguos profetas judíos habían dicho que vendría.

27. Ahora bien, en el huerto había una cumbre sagrada. Massalian llamaba a este lugar Getsemaní.

28. La noche era obscura, pero en el huerto la obscuridad era doble, y Jesús pidió a los ocho discípulos que se quedaran en el torrente.

29. Mientras él, con Pedro, Santiago y Juan, iban a Getsemaní a meditar.

30. Estos se sentaron bajo un olivo, y Jesús reveló a Pedro, Santiago y Juan, los misterios de la vida. Dijo:

31. El Espíritu de la eternidad es Uno inmanifestado; y éste es Dios el Padre, Dios la Madre, Dios el Hijo en uno.

32. En la vida manifestada el Uno vino a ser el Tres, y Dios el Padre es el Dios del Poder; y Dios la Madre es el Dios Omnisciente; y Dios el Hijo es Amor.

33. Y Dios el Padre es el Poder de cielo y tierra; y Dios la Madre es la sabiduría, la Santa Respiración, el Pensamiento del cielo y de la tierra; y Dios el Hijo, el único hijo, es el Cristo y Cristo es Amor.

34. Yo vine en forma corpórea a manifestar este amor a los hombres.

35. Como hombre he estado sujeto a toda clase de pruebas y tentaciones a las que está sujeta la raza humana; pero yo he triunfado de las apariencias, con todas sus pasiones y sus apetitos.

36. Lo que yo he hecho, todo hombre lo puede hacer.

37. Y ahora estoy en el momento de mostrar el poder que el hombre tiene para conquistar la muerte; porque todo hombre es Dios en forma corpórea.

38. Voy a dejar mi vida y a tomarla otra vez para que el hombre pueda llegar a conocer los misterios de la vida, de la muerte y de la resurrección de los muertos.

39. Abandono mi cuerpo, pero me levantaré en forma de espíritu, con poder para manifestarme en forma tal que los ojos mortales puedan ver.

40. Así pues en una trinidad de días mostraré la totalidad de la vida, la totalidad de la muerte y el significado de la resurrección de los muertos.

41. Y lo que yo hago todo hombre puede hacer.

42. Y vosotros, mis tres poderes, que constituís el círculo interno de la Iglesia del Cristo, mostraréis a los hombres los tres atributos de todos los dioses.

43. Pedro será conocido como el Poder de Dios, Santiago mostrará la Sabiduría, la Mente de Dios, Juan demostrará el Amor de Dios.

44. No temáis a los hombres porque habéis sido enviados a hacer trabajos portentosos de Dios el Padre, Dios la Madre, Dios el Hijo.

45. Y todos los pueden destruir vuestro trabajo.

poderes juntos de la vida manifestada no vuestra vida hasta que hayáis terminado

46. Ahora os dejo. Me voy a la obscuridad completamente solo a hablar con Dios.

47. Estoy abrumado por la tristeza. os dejo aquí para que cuidéis conmigo.

48. Entonces Jesús se fue trescientos codos hacia el Este, y acostándose de cara, oró y dijo:

49. Mi Dios, Mi Dios. ¿Hay algún medio por el que me sea permitido escapar los horrores de las horas que se aproximan? Mi cuerpo humano retrocede ...; pero mi alma esta firme, de modo que, no sea mi voluntad sino la tuya, oh Dios, la que se haga.

5O En agonía oró. La tensión de su forma humana fue grande, sus venas se reventaron en varios lugares y su frente se bañó en sangre.

51. Entonces regresó a los tres y los encontró dormidos; y dijo:

52. Simón, Simón, ¡tú dormido? ¿No pudisteis cuidar conmigo una hora solamente? Se vigilante. Cuida y ora para que tus tentaciones no sean más grandes que tu fortaleza.

53. Yo sé que el espíritu es alerta y tiene buena voluntad, pero la parte corpórea es débil.

54. Y se fue otra vez y oró: Oh, Padre, Dios. Si tengo que beber esta amarga copa, dame fortaleza en el cuerpo como me has dado fortaleza en el alma, porque no mi voluntad sino la tuya debe hacerse.

55. Y cuando regresó a sus discípulos, he aquí que los encontró todavía dormidos. Los despertó y le dijo a Santiago:

56. Has estado dormido mientras tu maestro ha estado luchando con el más grande de los enemigos del hombre ¿No eres capaz de cuidar conmigo una sola hora?

57. Y se fue otra vez y oró: Oh, Dios, me rindo, me rindo a tí; hágase tu voluntad.

58. Y volvió a regresar a los tres que todavía dormían, y dijo a Juan:

59. Con todo el amor que me tienes ¿no pudiste cuidar conmigo una sola hora?

60. Y entonces dijo: Basta. La hora ha llegado. El que me va a entregar está cerca. Levantémonos y vamos.

61. Y cuando hubieron regresado al Kidrón, he aquí que los ocho discípulos estaban dormidos. Y Jesús dijo: Despertaos hombres. Mirad que ha llegado el que ha de entregar al hijo del hombre.

Capítulo 164

Judas entrega a su Señor con un beso. Jesús es aprehendido por el populacho y los discípulos huyen para salvar sus vidas. Jesús es conducido a Jerusalem. Pedro y Juan siguen al populacho.

1. El Señor y los once estaban hablando en el huerto de Massalian cuando vieron un grupo de hombres con linternas, con espadas y garrotes, que se aproximaban.

2. Y Jesús dijo: Mirad a los emisarios del mal. Y Judas los guía.

3. Y los discípulos dijeron: Señor, huyamos para salvarnos la vida.

4. Pero Jesús dijo: ¿por qué hemos de huir para salvarnos la vida cuando esto es el cumplimiento de las palabras de los profetas y de los videntes?

5. Y Jesús avanzó sólo a encontrar a los hombres, y al aproximarse ellos a él, él dijo: ¿Por qué estáis aquí vosotros, hombres? ¿A quién buscáis?

6. Y ellos contestaron: Buscamos al hombre de Galilea. Buscamos a Jesús, uno que se llama a sí mismo el Cristo.

7. Y Jesús contestó: Yo Soy,

8. Y entonces levantó las manos y con un pensamiento poderoso hizo vibrar los éteres al estado de luz y todo el huerto fulguró con luz.

9. Los hombres frenéticos retrocedieron y muchos huyeron sin parar hasta llegar a Jerusalem; otros cayeron de cara en tierra.

10. Los más valientes y los más duros de corazón se quedaron, y cuando la luz palideció volvió a preguntar: ¿A quién buscáis?

11. Y Ananías dijo: Buscamos al hombre de Galilea; buscamos a Jesús que se llama a sí mismo el Cristo.

12. Y Jesús le contestó y dijo: Ya os dije una vez antes, pero ahora os lo repito: Yo Soy Aquel.

13. Al lado de Ananías estaba parado Judas; pero en un instante se fue y viniendo por la espalda del Señor dijo: Mi Señor; y entonces le besó como señal de que era Jesús a quien buscaban.

14. Y entonces Jesús dijo: ¿Vienes, Iscariote, y así entregas a tu maestro con un beso?

15. Esto tenía que ocurrir, pero infortunio para aquel que entrega a su señor.

16. Tu codicia materialista ha vuelto insensible tu conciencia y no sabes lo que haces; pero en corto tiempo tu conciencia resurgirá y en remordimiento he aquí que cerraras este tu lapso y te quitarás la vida.

17. En ese momento llegaron los once. Echaron mano de Judas y le habrían hecho daño, pero Jesús dijo:

18. No hagáis daño a este hombre. No tenéis derecho de juzgar a este hombre; su conciencia es su Juez; ella le sentenciara y él se ejecutará a sí mismo.

19. Entonces el populacho, capitaneado por Malco, sirviente de Caifás, aprehendió a Jesús, y estaba atándole con cadenas.

20. Cuando Jesús dijo: Por qué habéis venido en la oscuridad de la noche con espadas y garrotes a capturarme en este lugar sagrado?

21. ¿No ha hablado en los lugares públicos de Jerusalem? ¿No he curado a vuestros enfermos, no he abierto los ojos a vuestros ciegos, no he hecho oír a vuestros sordos? Podíais haberme encontrado cualquier día.

22. Y ahora tratáis de aherrojarme con cadenas ¿que son estas cadenas? Y entonces levantó las manos y las cadenas se despedazaron y cayeron en tierra.

23. Malco pensó que el Señor huiría para salvarse la vida y con un garrote hizo ademán de golpearle en la cara.

24. Pero Pedro tenía una espada y precipitadamente atacó al hombre y le hirió.

25. Pero Jesús dijo: Detente, Pedro, detente. Retira tu espada. No sois llamados a pelear con espadas y garrotes. Quienquiera que maneje la espada, perecerá por la espada.

26. No necesito que me protejan hijos de hombres, porque podría en este instante pedir auxilio, y una legión, más todavía, doce legiones de mensajeros de Dios vendrían y me defenderían; pero eso no debe ocurrir.

27. Y entonces dijo a Malco. Hombre, no quiero que te hagan daño. Y colocó la mano sobre la herida que Pedro había hecho y la herida se curó.

28. Entonces Jesús dijo: No te preocupes pensando que me arranque de tí y huya para salvarme la vida. No tengo el menor deseo de salvarme la vida. Haced conmigo lo que queráis.

29. Entonces el populacho se precipitó a capturar a los once, para llevarlos a ser juzgados como cómplices de los crímenes de Jesús

30. Pero los discípulos, cada uno de ellos, se desertaron de Jesús y huyeron para salvarse la vida.

31. Ahora bien, Juan fue el último en huir. El populacho le cogió y le hicieron tiras sus vestidos; pero él escapó desnudo.

32. Massalian vio al hombre desnudo y le llevó a su casa y le dio ropa. Entonces Juan siguió a aquellos que se llevaron al Señor.

33. Y Pedro se avergonzó de su cobardía y debilidad y cuando logró controlarse se unió a Juan y siguió de cerca al populacho y entró a Jerusalem.



SECCION XIX  ENJUICIAMIENTO Y EJECUCION DE JESUS


Capítulo 165

Jesús ante Caifás. Pedro niega a su Señor tres veces. La acusación firmada por siete gobernantes de los judíos. Cien testigos perjuros dan testimonio de la verdad de la acusación.

1. Caifás era el sumo sacerdote de los judíos. El populacho condujo a Jesús al salón del palacio de Caifás.

2. El tribunal estaba reunido. Los sitios destinados a los espectadores estaban apretados de escribas y fariseos que ya habían declarado con juramento contra el Señor.

3. La portera del palacio conocía a Juan, discípulo que le pidió les permitieran entrar a él y a Pedro.

4. La muchacha les permitió la entrada, y Juan entró, y Pedro tuvo miedo y se quedó en el patio exterior.

5. La mujer dijo a Pedro, que estaba parado al lado de la puerta: ¿Eres tú uno de los prosélitos de este hombre de Galilea?

6. Y Pedro dijo: No, no lo soy.

7. Los hombres que habían traído a Jesús al salón estaban sentados al lado del fuego en el patio exterior, porque la noche era fría, y Pedro se sentó con ellos.

8. Otra muchacha que servía en el Palacio vio a Pedro y le dijo: Seguramente que tú eres de Galilea; tu manera de hablar es de Galilea: tú eres uno de los prosélitos de este hombre.

9. Y Pedro dijo: No entiendo lo que quieres decir. Ni siquiera conozco a este hombre.

10. Entonces un sirviente de Caifás, uno de los que prendieron al Señor y le trajeren al Tribunal, vio a Pedro y le dijo:

11. ¿No te vi yo en el huerto de Massalian con este nazareno sedicioso? Estoy seguro de haberte visto y tú eres uno de sus prosélitos.

12. Entonces Pedro se levantó y pateando el suelo juró por toda cosa sagrada que no conocía al criminal.

13. Ahora bien, Juan estaba en ese momento cerca y cuando oyó las palabras y conectó que Pedro había negado a su Señor, lo miró, mudo de asombro.

14. En ese instante el gallo cantó ruidosamente abajo en el patio y Pedro recordó las palabras que el Señor le había dicho:

15. Ties veces me negarás antes que el gallo cante mañana por la mañana.

16. Y la conciencia de Pedro le hirió duramente, y salió a la oscuridad de la noche y lloro.

17. Caifás estaba solemnemente sentado en el Tribunal. Ante él, de pie, estaba el hombre de Galilea.

18. Caifás, dijo: Pueblo de Jerusalem: ¿Quién es el hombre a quien acusáis?

19. Ellos contestaron: En el nombre de todo judío leal acusamos a este hombre de Galilea, a este Jesús que se jacta de ser nuestro rey, de enemigo de Dios y de hombre.

20. Caifás dijo a Jesús: Hombre, se te permite hablar ahora y exponer tus doctrinas y tus reclamos.

21. Y Jesús dijo: Tú, sacerdote carnal, ¿por qué me preguntas acerca de mis palabras y obras?

22. He aquí que yo he enseñado a las multitudes en todo lugar público. He restaurado la salud a los enfermos, he abierto los ojos de los ciegos, he hecho oír a los sordos; vuestros cojos han caminado y he devuelto a vuestros muertos la vida.

23. Mis trabajos no han sido hechos en lugar secreto sino en vuestros salones públicos y en los caminos.

24. Id y preguntad a la gente, que no ha sido comprada con oro o con promesas deslumbrantes, que os digan acerca de mis trabajos y mis palabras.

25. Cuando Jesús hubo terminado de hablar, un guardia judío vino y le hirió en la cara, diciendo: ¿Cómo te atreves a hablar así al sumo sacerdote de los judíos?

26. Y Jesús dijo: Si he hablado falsamente da testimonio de lo que he dicho; y si he dicho la verdad ¿por qué me hieres así?

27. Entonces Caifás dijo: Lo que hagas, hazlo legalmente, porque tenemos que dar cuenta a una Corte más alta por todo lo que hacemos y decimos.

28. Que los acusadores de este hombre presenten sus acusaciones en forma legal.

29. Entonces el Escriba de Caifás se puso de pié y dijo: Tengo aquí las acusaciones en forma legal; los cargos hechos y firmados por escribas, sacerdotes y fariseos.

30. Caifás dijo: Estaos quietos hombres, y oid leer los cargos. El escriba tomó un rollo y leyó.

31. Al Sanedrín de los judíos y a Caifás, sumo sacerdote; muy honorables hombres:

32. El más alto deber que el hombre, puede cumplir con su nación y consigo mismo es el de protegerles contra sus enemigos.

33. El pueblo de Jerusalem está conciente de que en su medio mismo está un poderoso enemigo.

34. Un hombre llamado Jesús ha venido y reclama ser el heredero del trono de David.

35. Como impostor es un enemigo, y en el nombre de todo judío leal, hacemos los siguientes cargos que estamos listos a probar.

36. Primero, que blasfema de Dios. Dice que es hijo de Dios y que él y Dios son Uno.

37. Profana nuestro día santo haciendo curaciones y haciendo otros trabajos en el día Sábado.

38. Se proclama a sí mismo rey y sucesor de nuestro David y de nuestro Salomón.

39. Declara que destruirá nuestro templo y lo reconstruirá en forma más gloriosa, en tres días.

40. Declara que arrojará al pueblo de Jerusalem, como arrojó a los comerciantes de los patios del templo y que traerá a ocupar nuestras colinas a una tribu de hombres que no conoce a Dios.

41. Y afirma que a todo doctor, escriba, fariseo y sacerdote los mandará al destierro del que nunca regresarán.

42. Y todos estos cargos lo hacemos bajo nuestras firmas y sellos: Annás, Simón, Abinadabs, Annanías Joash, Azaniah, Hezekiah

43. Ahora bien, cuando el escriba hubo leído los cargos, la gente pidió sangre, gritando: Apedreemos a tal miserable, crucifiquémosle.

44. Caifás dijo: Hombres de Israel: ¿sostenéis los cargos de estos hombres?

45. Cien hombres que habían sido comprados avanzaron a dar testimonio; juraron que estos cargos eran verdaderos.

46- Caifás dijo a Jesús: hombre: ¿tienes algo que decir? ¿eres hijo de Dios?

47. Y Jesús dijo: Así lo has dicho tú. Y entonces ya no dijo más.


Capítulo 166

Jesús ante el Sanedrin. Nicodemos demanda justicia; muestra la incompetencia de los testigos. El Consejo no declara a Jesús culpable, pero Caifás que lo preside lo declara culpable. El populacho maltrata a Jesús. Le llevan a la Corte de Pilatos.

1. Como Jesús no hablara, Caifás se puso de pié ante el populacho judío y dijo:

2. Atad, fuertemente al preso porque tenemos que llevarle ante el gran Sanedrín de los judíos a que defienda su vida.

3. No podemos ejecutar a un criminal hasta que nuestro fallo sea confirmado por éste, el Consejo Supremo judaico.

4. Así como aclaró el día se reunió el Consejo del pueblo y el Señor y sus acusadores estuvieron ante el Tribunal.

5. Caifás lo presidía. Se puso de pié y dijo: Que los acusadores de este hombre de Galilea presenten su actuación y sus pruebas.

6. El Escriba de Caifás se puso de pié y leyó la acusación y los nombres de aquellos que acusaban al hombre de Galilea.

7. Y se ordenó que los testigos comparecieran y dieran testimonio ante el Consejo de los Judíos.

8. Entonces los abogados alegaron y Nicodemos avanzó entre los que alegaban,

9. Y levantando las manos dijo: hagamos ahora justicia, aunque de ello aparezca que todos los escribas, fariseos, sacerdotes y saduceos, tanto como Jesús, el acusado, mienten.

10. Si podemos probar que este Jesús es un enemigo y un traidor a nuestras leyes y a nuestra patria declarémosle criminal y que sufra por sus crímenes.

11. Si por otra parte se prueba que los testigos son perjuros a los ojos de Dios y de los hombres, declarémosle a ellos criminales y dejemos en libertad al hombre de Galilea.

12. Entonces examinó los testimonios de los testigos ante los Jueces de la ley y demostró que no había dos testimonios contestes. Habían declarado al calor de la pasión o al incentivo del pago.

13- El Consejo con mucho gusto le habría declarado criminal y le habría condenado a pena de muerte, pero ante semejante exposición no se atrevió a hacerlo.

14. En esta situación Caifás dijo: Hombre de Galilea, en el nombre de Dios vivo te ordeno que me contestes: ¿eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?

15. Y Jesús dijo: Si contesto si, ni me oiréis ni me creeréis;

16. Si contesto no, seré semejante a vuestros testigos; habré mentido a los ojos de Dios y de los hombres. Pero sí voy a decir esto:

17. El día vendrá en el que veréis al hijo del hombre en el trono del poder, viniendo en las nubes del cielo.

18. Entonces Caifás rasgó sus vestiduras y dijo: ¿No habéis oído lo suficiente? ¿No habéis oído sus despreciables palabras blasfemas? ¿Qué necesidad tenemos de ulteriores pruebas? ¿Qué nos corresponde hacer con él?

19. El populacho empezó a gritar; Sentenciadlo a morir. Y entonces el populacho se precipitó sobre él, escupiéndole y golpeándole con las manos.

20. Y le cubrieron los ojos con un paño y golpeándole en la cara le decían: Eres profeta; dinos quien te pegó.

21. Jesús no contestaba. Como un cordero ante el trasquilador el hombre de Galilea no oponía resistencia alguna.

22. Caifás dijo: No podemos ejecutar a un hombre hasta que el gobernador romano confirme la sentencia de esta Corte.

23- Llevad pues a este criminal y que Pilatos legalice lo que hemos hecho.

24. Entonces Jesús fue arrastrado todo el camino hasta el palacio del gobernador romano.


Capítulo 167

Jesús ante Pilatos. Lo declara no culpable. Jesús ante Herodes; es maltratado y regresa a Pilatos quien otra vez lo declara inocente. Los judíos demandan su muerte. La mujer de Pilatos le ruega que no se mezcle en nada en el castigo de Jesús. Pilatos llora.

1. En el palacio del gobernador romano, los judíos no entraron, temerosos de ser contaminados y de no ser dignos de asistir a la fiesta pascual; pero condujeron a Jesús al patio del palacio, donde Pilatos lo encontró.

2. Y Pilatos dijo: ¿Qué es todo este tumulto tan temprano en el día? ¿Qué es lo que pedís?

3. Los judíos contestaron: Traemos ante tí a un hombre malo y sedicioso.

4. Ha sido juzgado ante el Consejo Supremo de los judíos y ha sido declarado traidor a nuestras leyes, a nuestra nación y al gobierno de Roma.

5. Solicitamos que lo sentencies a morir en la cruz.

6. Y Pilatos dijo: ¿Por qué lo traéis ante mi? Id y juzgadle vosotros mismos.

7. Vosotros tenéis vuestras leyes y con la sanción de la ley romana, tenéis el derecho de ejecutar.

8. Los judíos contestaron: No tenemos autorización de crucificar; y siendo este hombre traidor a Tiberio, nuestros consejeros opinan que debe sufrir la muerte, más humillante, la crucifixión.

9. Pero Pilatos dijo: Nadie puede ser declarado criminal de acuerdo con la ley romana, antes que se haya recibido toda la prueba y que se haya permitido al acusado defenderse.

10. Por lo tanto, tomaré vuestro libelo de acusaciones junto con las pruebas que tengáis y juzgaré según la ley romana.

11. Los judíos habían hecho una copia de sus acusaciones en la lengua de las corte romana, y a ese Libelo agregaron:

12. Acusamos a Jesús de ser enemigo de Roma; de que preconiza que los hombres no deben pagar tributo a Tiberio.

13. Pilatos tomó el Libelo. Sus guardias condujeron a Jesús escalera arriba al salón del palacio.

14. Y Jesús estuvo de pié ante el gobernador romano y Pilatos leyó las acusaciones de los judíos y dijo:

15. ¿Qué contestas a este libelo? ¿Estas acusaciones son verdaderas o falsas?

16. Y Jesús dijo: ¿Por qué he de defenderme ante un Tribunal de la tierra? Estas acusaciones han sido confirmadas por perjuros; ¿qué necesito decir?

17. Sí, soy rey. Pero el hombre material no puede contemplar al rey, ni alcanzar a ver el reino de Dios. Está adentro.

18. Si yo hubiera sido rey como los hombres tangibles son reyes, mis sirvientes me hubieran defendido y yo no me hubiera entregado de mi voluntad a las finuras de la ley judaica.

19. No apelo a los testimonios de los hijos de hombres. Dios es mi testigo; y son mis palabras y mis hechos los que dan testimonio de la verdad.

20. Y todo hombre que comprenda la verdad dará meditación a mis palabras, y en su alma, en lo interno, será mi testigo.

21. Y Pilatos dijo: ¿Qué es la Verdad?

22. Y Jesús dijo: la Verdad es el Dios que sabe. Es el uno inmutable. La Santa Respiración. La Sabiduría es la verdad. Ella es inmutable e imperecible.

23. Entonces Pilatos volvió a los judíos y les dijo: Este hombre no es culpable de crimen alguno. No puedo sentenciarle a pena de muerte.

24. Entonces los judíos, creciendo grandemente la borrasca gritaron en voces muy altas, diciendo: Nuestro Consejo seguramente sabe. Los hombres que más saben en nuestra tierra le han declarado culpable de una veintena de crímenes.

25. Pervertirá a la nación judaica, derribará la dominación romana y se hará rey. Es un criminal venido de Galilea. Hay que crucificarle.

26. Entonces Pilatos dijo: Si Jesús es de Galilea, está bajo la jurisdicción del gobernador de Galilea quien debe juzgarle.

27. Ahora bien. Herodes había llegado de Galilea y con su cortejo estaba en Jerusalem.

28. Y Pilatos le mandó al Señor, encadenado. Le envió también una copia de la acusación de los testigos de los judíos y le pidió que juzgara el caso.

29. Y Herodes dijo: He oído mucho acerca de este hombre y estaré muy complacido en verle en mi corte.

30. Y entonces preguntó al Señor que expusiera su derecho, sus doctrinas y sus finalidades.

31. Y Jesús no contestó ni una palabra. Y Herodes se enfureció y dijo: ¿Insultas al gobernador de la tierra negándote a contestar?

32. Y entonces llamó a sus guardias y les dijo: Tomad a este hombre y torturadle hasta que conteste.

33. Los guardias tomaron a Jesús y le golpearon; se burlaron de él; lo cubrieron con una túnica regia; hicieron de espina una corona y se la pusieron en la cabeza; le colocaron en las manos un carrizo roto.

34. Y entonces le decían burlescamente: ¡Salud a tí, rey regio¡ ¿Dónde están tus ejércitos y tus guardias? ¿Dónde están tus súbditos y tus amigos?

35. Pero Jesús no habló ni una sola palabra. Entonces Herodes lo devolvió a Pilatos con la siguiente esquela de cortesía:

36. Meritísimo Consejero de Roma: he examinado todas las acusaciones y testimonios que me has enviado respecto a este hombre sedicioso de Galilea y, a bien puedo declararle culpable de los crímenes que le imputan,

37. Resigno en tí mis derechos de juez porque eres superior a mí en poder. Aprobaré cualquier fallo que des en el asunto.

38. Ahora bien, Pilatos y el tretarca habían sido enemigos; pero los sucesos de esta hora destruyeron esa enemistad y desde entonces fueron amigos.

39. Cuando Jesús fue traído otra vez a la Corte de Pilatos, el gobernador romano compareció ante los acusadores del Señor y dijo:

40. No puedo encontrar que este Nazareno sea criminal como se le acusa: no hay pruebas que justifiquen la pena de muerte. Voy pues a hacerle azotar y a dejarle en libertad.

41. Los judíos gritaron furiosamente: No es dable que un hombre tan peligroso viva. Hay que crucificarle.

42. Entonces Pilatos dijo: Os pido que esperéis un rato. Y entonces fue a la cámara interna y se sentó en pensamiento silente.

43. Mientras meditaba, su esposa, una buena mujer, elegida entre los galos. entró y dijo:

44. Te ruego Pilatos que me escuches. Cuídate de lo que hagas en esta hora. No toques a este hombre de Galilea. Es un hombre santo.

45. Si azotas a este hombre, azotas al hijo de Dios. Anoche lo vi todo en una visión demasiado vivida para que pueda ser considerada como un mero sueño.

46. Vi a este hombre caminar sobre las aguas del mar. Le oí hablar y calmar una tormenta feroz. Le vi volando con alas de luz.

47. Vi a Jerusalem, en sangre; vi caer las estatuas de los Césares; vi un velo que ocultaba el sol; y el día era tan obscuro como la noche.

48. La tierra que yo pisaba, temblaba como una caña movida por el viento. Te digo Pilatos que si bañas tus manos en la sangre de este hombre, ya puedes temer el ceño de Tiberio y las maldiciones de los senadores.

49. Y diciendo esto salió. Y Pilatos lloró.


Capítulo 168

El esfuerzo final de Pilatos por salvar a Jesús, fracasa. Se lava las manos en fingida inocencia. Entrega a Jesús a los judíos para que lo ejecuten. Los soldados judíos lo conducen al calvario.

1. Pueblo superticioso era el judío. Tenía una fe que había heredado de los adoradores de ídolos de otras tierras, por la que, al final de cada año,

2. Amontonaba todos sus pecados sobre la cabeza de un hombre para que cargara todos sus pecados.

3. El hombre venía a ser la víctima propiciatoria de las multitudes y creían que al arrojarlo al desierto o a un país extranjero, se libertaban de pecado.

4. Así pues, cada primavera, antes de la fiesta, elegían a un preso de las prisiones del país y por un procedimiento suyo propio fingían hacer que cargara y se llevara sus pecados.

5. Entre los presos judíos en Jerusalén habían tres que eran los capitanes de una banda vil y sediciosa, que se ocupaba en robos, asesinatos y rapiña, y que habían sido sentenciados a ser crucificados.

6. Barrabás bar Jezia era uno de estos hombres que debía morir, pero era rico y había comprado a los sacerdotes la gracia de ser la víctima propiciatoria del pueblo en la fiesta próxima y estaba esperando ansiosamente la hora que venía.

7. Ahora bien, Pilatos pensó utilizar esta superstición para salvar al Señor de modo que compareció ante los juicios y dijo:

8. Hombres de Israel, de acuerdo con mi costumbre libertaré este día un preso que ha de llevar vuestros pecados.

9. A este hombre lo conduciréis al desierto o a tierras extranjeras. Vosotros me habéis pedido libertad a Barrabás que ha sido convicto de asesinato de una veintena de hombres.

10. Ahora bien, oídme hombres, libertaremos a Jesús y que Barrabás pague su deuda en la cruz. Entonces podéis conducir a Jesús al desierto y no oirés mas de él.

11. Al oír lo que el gobernador decía, se enfurecieron y comenzaron a conspirar para demoler el palacio romano y lanzar al destierro a Pilatos y su familia y servidumbre y sus guardias.

12. Cuando Pilatos se dio cuenta de que se avecinaba la guerra civil si no complacía los deseos del populacho, tomó una escudilla de agua y en presencia de la multitud se lavó las manos y dijo:

13. Este hombre a quien acusáis es hijo del Dios más santo; y yo proclamo su inocencia.

14. Si derramáis su sangre, su sangre manchara vuestras manos y no las mías.

15. Entonces los judíos exclamaron: Deja que su sangre sea en nuestras manos y las de nuestros hijos.

16. Pilatos temblaba como una hoja, de miedo. Barrabás fue libertado y el gobernador, al presentar al Señor al populacho, dijo: He aquí al hombre. Mirad a vuestro rey. ¿Mataréis a vuestro rey?

17. Los judíos contestaron: No es rey. No tenemos otro rey que el gran Tiberio.

18. Ahora bien, Pilatos se negó a consentir que soldados romanos se tiñeran las manos en sangre de inocencia, de modo que los jefes de los sacerdotes y los fariseos conferenciaron acerca de lo que harían con Jesús, que era llamado el Cristo.

19. Caifás dijo: No podemos crucificar a este hombre; tenemos que apedrearte hasta que muera y nada más.

20. Entonces el populacho dijo: Apurémonos. Apedrémosle. Entonces lo condujeron hacia la colina que está fuera de las puertas de la ciudad, donde se daba muerte a los criminales.

21. El populacho no podía esperar llegar al lugar de las calaveras. Tan pronto como hubieron pasado las puertas de la ciudad, se precipitaron sobre él golpeándole con las manos, escupiéndole, apedreándole, y él cayó en tierra.

22. Y uno, un hombre de Dios, avanzó y dijo: Isaías dijo: Será magullado por nuestras trangresiones y por sus cardenales nosotros seremos curados.

23. Mientras Jesús yacía todo magullado y lacerado en tierra, un fariseo gritó: Deteneos, hombres, deteneos Mirad que los guardias de Herodes vienen y ellos crucificarán a este hombre.

24. Y al lado de la puerta de la ciudad encontraron la cruz de Barrabás,   y          entonces         el         populacho            frenético         gritó: Crucifiquémosle.

25. Caifás y los otros gobernantes judíos avanzaron y dieron su consentimiento.

26. Entonces levantaron a Jesús de la "tierra, y a golpes de espada lo condujeron.

27. Un hombre llamado Simón de Cyrenea, amigo de Jesús, estaba cerca de la escena y como el maltratado y herido Jesús no podía cargar su cruz, la colocaron en los hombros de este hombre y le hicieron llevarla hasta el calvario.

Capítulo 169

Judas, lleno de remordimiento corre al templo y arroja las treinta monedas de plata a los pies de los sacerdotes que las recogen y compran con ellas el campo de un alfarero. Judas se ahorca. Su cuerpo es enterrado en el campo del alfarero.

1. Ahora bien. Judas que había traicionado a su Señor estaba entre el populacho, pero pensaba todo el tiempo que Jesús usaría su poder y demostraría la fortaleza de Dios que poseía y que lanzaría por tierra a las multitudes y se libertaría.

2. Pero cuando vio a su maestro en tierra y sangrando por una veintena de heridas, dijo:

3. Oh, Dios ¿Qué he hecho? He traicionado al hijo de Dios; la maldición de Dios se posa en mi alma.

4. Y entonces dio la vuelta y corrió a toda prisa a la puerta del templo; encontró a los sacerdotes que le habían dado treinta piezas de plata por traicionar al Señor, y dijo:

5. Os devuelvo vuestra compra; es el precio de mi alma; he traicionado al hijo de Dios.

6. Los sacerdotes contestaron: Eso no nos importa.

7. Entonces Judas arrojó la plata en el piso, y doblegado por la pesadumbre, se fue, y en un volado afuera de las murallas de la ciudad se ahorcó y murió.

8. Un poco después las amarras cedieron; su cuerpo cayó en el valle de Hinnon y fue encontrado allí muchos días después como masa informe.

9. Los gobernantes no pudieron poner el precio de la sangre en el tesoro del templo, de modo que tomaron las treinta piezas de plata y con ellas compraron el campo de un alfarero,

10. Para enterrar allí a los que no podían enterrarse en cementerios consagrados,

11. y allí enterraron el cuerpo del hombre que había vendido a su Señor.

Capítulo 170

La crucifixión. Jesús ora por sus asesinos. Pilatos pone una inscripción encima de la cruz. Jesús habla palabras de aliento al ladrón arrepentido. Encarga a Juan que cuide a la madre de Jesús y a Miriam. Los soldados se dividen entre ellos la túnica de Jesús.

1. El populacho judío avanzó hasta el calvario y con él fueron muy cerca, al lado de Jesús, las Marías, Miriam y otras mujeres que no eran pocas.

2. Lloraban ruidosamente. Cuando. Jesús las vio llorando y lamentándose así, les dijo:

3. No lloréis por mí, porque aún que me voy a través de la puerta de la cruz, al día siguiente del sol levantareis vuestros corazones porque os encontraré en el sepulcro.

4. La gran procesión llegó al Calvario. Los soldados romanos habían atado ya a sus cruces a dos presos del Estado.

5. (No fueron clavados sino sólo amarrados).

6. Cuatro soldados de la guardia romana que Herodes había traído de Galilea, fueron designados para ejecutar las órdenes del Tribunal.

7. Estos eran los mismos que fueron encargados de torturar a Jesús y de forzarle a confesarse culpable.

8. Estos fueron los hombres que le flagelaron y que le pusieron la corona de espinas en la cabeza, la caña rota en las manos, y que le cubrieron con el manto regio y que burlonamente se inclinaban ante el como rey.

9. Estos soldados tomaron al Señor y le desnudaron le colocaron sobre la cruz y le hubieran amarrado con cuerdas; pero esto no era suficiente.

10. Los crueles judíos estaban cerca con martillo y clavos; y gritaron: No cuerdas, sino clavos. Clavadlo fuertemente y aseguradle a la cruz.

11. Entonces los soldados tomaron los clavos y los pasaron a través de las manos y de los pies.

12. Le ofrecieron un calmante para que bebiera, una mezcla de vinagre y mirra, pero él rehusó beber la mezcla.

13. Los soldados habían preparado un sitio en que plantar la cruz de Barrabás, entre los otros criminales; y allí elevaron la cruz de Jesús, que era llamado el Cristo.

14. Y entonces los soldados y el populacho se sentaron a observarle morir.

15. Y Jesús dijo: Mi Padre Dios, perdona a estos hombres; no saben lo que hacen.

16. Ahora bien, Pilatos había preparado una tableta para que la colocaran sobre la cruz, en la que estaban escritas, en lenguas hebrea, latina y griega, estas palabras de verdad: JESUS CRISTO, REY DE LOS JUDIOS.

17. Y esta tableta fue colocada en la cruz. Los sacerdotes se enfurecieron al leer estas palabras en la tableta de la cruz.

18. Y entonces solicitaron que Pilatos no dijera: ES EL CRISTO, REY DE LOS JUDIOS, sino que dijera: Aseveraba ser el Cristo, rey de los Judíos.

19. Pero Pilatos dijo: Lo que he escrito, escrito queda. Que permanezca.

20. Las turbas judías que vieron al Señor en la Cruz, estaban locas de contento y decían Salud, rey de farsa.

21. Tú que destruías el templo y en tres días lo reconstruías ¿por qué no te salvas a tí mismo?

24. Los soldados judíos y los guardias romanos que habían venido de Galilea eran estrepitosos en sus burlas y escarnios.

25. Uno de los crucificados se agregó en la burla y dijo: Si eres el Cristo, tienes el poder. Simplemente habla la Palabra y te salvas a tí y me salvas a mí.

26. El otro crucificado le reprendió diciendo: Malvado ¿No tienes miedo de Dios?

27. Este hombre es inocente de todo crimen mientras que tú y yo somos culpables y estamos pagando las deudas que debemos.

28. Y entonces dijo a Jesús: Señor, yo sé que tu reino viene; el reino que el mundo nunca puede comprender.

29. Y cuando tú vengas en las nubes del cielo, acuérdate de mí.

30. Y Jesús dijo: Mira que te encontraré en el plano de las almas este mismo día.

31. Ahora bien, de pié, cerca de la cruz estaban muchas mujeres de Judea y de Galilea. Entre ellas estaba la madre del Señor y Miriam,

32. Y María, la madre de los dos apóstoles: Santiago y Juan y María Magdalena, y Martha, Ruth y María, y Salomé.

33. Cuando Jesús vio a su madre y a la cantora Miriam, de pié, muy cerca, dijo a Juan.

34. A tu más tierno cuidado dejo a mi madre y a mi hermana Miriam.

35. Y Juan contestó: Mientras viva, mi hogar será el hogar de tu madre tres veces bendita y de tu hermana Miriam.

36. De acuerdo con la costumbre judaica, a los verdugos que ejecutaban a los criminales pertenecían los vestidos de los criminales.

37. De modo que cuando el Señor fue crucificado los guardias romanos se dividieron entre ellos las ropas del Señor.

38. Pero encontraron que su túnica era una túnica sin costuras y de alto valor.

39. Los guardias echaron suertes y así determinaron quien debía llevarse la prenda.

40. Y así se cumplieron las escrituras que dividieron todas mis vestiduras entre ellos y echaron suertes.


Capítulo 171

Concluyen las escenas de la crucifixión. José y Nicodemos, con consentimiento de Pilatos, bajaron de la cruz el cuerpo de Jesús y le colocaron en la tumba de José. Una guardia de cien soldados judíos es colocada en el sepulcro.

1. Ahora bien, en la sexta hora del día, en que el sol llega al zenit, el día se volvió tan oscuro como la noche.

2. Y los hombres buscaron linternas y construyeron fogatas en las colinas para poder ver.

3. Y cuando el sol rehusó alumbrar y vino la obscuridad, el Señor exclamó: ¡Heloi! ¡Heloi! ¿lama sabachthami?

(Tú sol! Tú sol! ¿por qué me has abandonado? )

4. La gente no comprendió las palabras que habló; pensaron que pronunciaba el nombre de Elías, y dijeron:

5. Llama a Elías en su hora de necesidad. Veamos si viene.

6. Y Jesús dijo: Tengo sed. Un soldado romano hundió una esponja en vinagre y mirra y la colocó en los labios de Jesús.

7. Ahora bien en la novena hora del día, la tierra comenzó a temblar, y en la obscuridad de aquel día sin sol, una inundación de luz de oro apareció encima de la cruz.

8. Y de la luz se oyó una voz que dijo: He aquí que se hizo. 9. Y Jesús dijo: Mi Padre Dios, en tus manos doy mi alma.
10. Un soldado romano con compasión dijo: Esta agonía es demasiado grande. Hay que aliviarla y con una lanza perforó el corazón de Jesús y todo terminó. El hijo del hombre estaba muerto.

11. Entonces la tierra tembló de nuevo, la ciudad de Jerusalem se meció hacia adelante y hacia atrás, las colinas se partieron y las tumbas se abrieron;

12. Y las gentes creyeron ver que los muertos se habían levantado y que caminaban por las calles.

13. El templo se sacudió y el velo, que estaba entre el santuario y el Lugar Santo, se partió en dos, y la consternación reinaba en todo lugar.

14. Los guardias romanos que observaban el cuerpo en la cruz, exclamaron: Este seguramente que fue el hijo de Dios que ha muerto.

15. Y las gentes huían a prisa del calvario. Los sacerdotes, los fariseos y los escribas estaban aterrorizados.

16. Trataban de guarecerse en sus sinagogas y en sus hogares, y decían: Mirad la ira de Dios.

17. El gran día de la pascua judaica se acercaba y los judíos por su ley no podían permitir que un criminal permaneciera en la cruz en el día Sábado.

18. Por lo tanto solicitaron de Pilatos que mandara retirar los cuerpos de los que habían sido crucificados.

19. Y Pilatos mandó a sus guardias al Calvario para que se cerciorasen de si todos los hombres estaban muertos;

20. Y cuando los guardias hubieron partido, dos judíos vinieron a la puerta del palacio a ver al gobernador. Eran miembros del Consejo judaico;

21. Y sin embargo creían que Jesús había sido un profeta enviado por Dios.

22. El uno era el rabí José, el Consejero por Arimatea, hombre justo y que amaba la ley de Dios.

23. El otro que vino era Nicodemos.

24. Estos hombres se postraron a los pies de Pilatos y le rogaron que les permitiera tomar el cuerpo del Nazareno y darle sepultura.

25. Y Pilatos dió su consentimiento.

26. Ahora bien, José había preparado una mezcla costosa para embalsamar el cuerpo del Señor, como unas cien libras de áloe y de mirra, y tomándolas consigo se apresuró a ir al Calvario.

27. Y cuando los guardias regresaron, dijeron: El Nazareno está muerto; los malhechores están vivos.

28. Y Pilatos ordenó a sus guardias ir y herir a los que estaban vivos de modo que mueran, y entonces quemar sus cuerpos; pero dar el cuerpo del Nazareno a los rabíes que lo habían pedido.

29. Los soldados hicieron lo que Pilatos les ordenó.

30. Los rabíes vinieron y tomaron el cuerpo de Jesús, Cuando lo hubieron preparado con el áloe y la mirra que habían traído.

31. Lo colocaron en la tumba recién hecha en la roca sólida, para José.

32. Y entonces rodaron una piedra hasta el sepulcro.

33. Los sacerdotes, temían que los amigos de Jesús fueran en altas horas de la noche y se llevaran el cuerpo del Nazareno para decir que se había levantado de entre los muertos, como él había anunciado.

34. De modo que suplicaron al gobernador que enviara soldados para que custodiaran el cuerpo del muerto.

35. Pero Pilatos dijo: Yo no mando guardia romana, pero vosotros tenéis soldados judíos y podéis enviar cien hombres con un centurión para guardar la tumba.

36. Y entonces ellos enviaron cien soldados al sitio a custodiar la tumba.



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