Toma la pastilla roja!!!

BIENVENIDO Y TOMA LA PASTILLA ROJA "...Eres un esclavo, Neo/ Igual que los demás, naciste en cautiverio/ naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar/ Una prisión para tu mente/ Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix/ Has de verla con tus propios ojos/ Esta es tu última oportunidad/ Después, ya no podrás echarte atrás/ Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará)/ Despertarás en tu cama y creerás/ lo que quieras creerte/ Si tomas la roja, te quedas/ en el País de las Maravillas/ y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos/ Recuerda/ lo único que te ofrezco es la verdad/ Nada más..."

jueves, 18 de septiembre de 2014

El Vaticano nos oculta el Cronovisor

Marco Tulio Cicerón, el gran abogado, orador, político y filósofo, pronunció un discurso ante el Senado romano en el año 63 aC, y un observador absorto comentó: "Sus gestos, su entonación, lo poderosos que eran. Qué vuelo de la oratoria!." 
Tales alabanzas, sin embargo, no son de un contemporáneo de Cicerón, sino del Padre Pellegrino Ernetti en el siglo pasado.




Un experimento llamado Cronovisor, ya ha sido probado según el cual se puede volver en el tiempo y captar sus ondas magnéticas las que podrían ser codificadas para una señal electrónica y reproducirlas en forma de audio y video. La revelación de Cronovisor ha salido a la luz a través del libro "El cronovisor del Padre Ernetti - La creación y la desaparición de la primera máquina del tiempo", escrito por Peter Krassa. Según el autor, dicho instrumento fue construido en la mitad del siglo pasado, por un consejo de los más grandes físicos de la época, entre ellos el Padre Pellegrino Ernetti, italiano, bajo la inspección oficial del Vaticano. Narra el autor que en una de las sesiones experimentales, el mismo Papa - que en ese momento era Pío XII - participó y, valiéndose de los supuestos  restos de árboles utilizados en la crucifixión de Cristo, vio las imágenes rescatadas por el Cronovisor,  y el sonido, de la última jornada de Jesús que se tomaron hasta ser llevado al Gólgota. Por razones de seguridad, esta máquina fue desmantelada y sus partes todavía se guardarían - bajo siete llaves- en la sede de la Iglesia Católica.

En su libro “Los muertos nos hablan” el Padre François Brune escribió: “,,, El padre Ernetti colabora en investigaciones aún más fantásticas, puesto que se trata de captar, a través del Cronovisor, imágenes y voces de difuntos, pero en momentos de su vida terrena. El padre Ernetti tiene alrededor de sesenta años y es titular de una cátedra de enseñanza absolutamente única en el mundo. Enseña música arcaica pre polifónica,  remontándose desde el año 1000 de nuestra era hasta el siglo X antes de Cristo. Uno de los problemas que le preocupaban, desde hace tiempo, era la rítmica de la música antigua. Esto le movió a trabajar con el padre Gemelli -en la Universidad Católica de Milán- en el momento en que éste había obtenido, a partir de 1952, voces del más allá. Destinado en Venecia -en 1955- para esta nueva enseñanza, pudo rodearse de una docena de científicos de alto nivel, especialistas venidos de casi todo el mundo. Fue entonces cuando se diseñó, lentamente y en el mayor secreto, un nuevo aparato. A mediados de la década de los 70, se habría captado el sonido y las imágenes de una tragedia antigua, representada en Roma en el año 169 antes de Cristo. Se trataría de Tyeste, de Quintus Ennius, tragedia que está hoy casi completamente perdida. Sólo se la conocía a través de 25 fragmentos, citas de tres autores latinos diferentes: Probius, Monius y Cicerón. El Cronovisor rescató el texto con su acompañamiento musical: recitación cantando en el modo dorio. Se sabe también, por algunas confidencias indiscretas, que el aparato transmitió en otra ocasión una escena de mercado en Roma. También pueden obtenerse informaciones sobre el pasado inmediato. Así, el padre Ernetti captó un día en su aparato los planos que acababan de ser realizados para preparar un atraco a mano armada; pudo prevenir a la policía y hacer fracasar la operación.
   Puede uno imaginarse fácilmente las implicaciones militares, comerciales o políticas de tal aparato. Se comprende perfectamente las reticencias de los inventores a poner un medio de estas características en manos de todo el mundo. Además, el efecto es tan sorprendente, que el padre Ernetti parece temer las posibles con-secuencias desde el punto de vista psicológico.
Evidentemente, admitir la autenticidad de tales experiencias implica una gran decisión, aún lejana. Estamos rozando aquí la plena fantasía? El futuro lo dirá. El mismo padre Ernetti se atrincheraba entonces detrás de una barrera de condicionales. Tal vez sea posible un día, si Dios quiere, llegar sobre esto a más conclusiones. Sólo con la autorización del Vaticano fue como el padre benedictino hizo este informe en Trento, a orillas del lago de Garda, en octubre de 1986.
 Después de la publicación del capítulo que estás leyendo, hubo reacciones en algunas revistas que me han movido a decir algo más sobre esto. Esto me ha llevado a continuar las investigaciones y así he descubierto que había habido en Italia, en distintos periódicos, una controversia muy fuerte en la que se habían puesto en duda las revelaciones hechas por el Padre Ernetti. Volví pues a Venecia para saber más y conocer las respuestas de mi amigo benedictino, constructor de esta invención.
  Después de la muerte del Padre Ernetti, el 8 de abril de 1994, un periodista austriaco me pidió que le dijera los documentos que yo tenía. A partir de ellos sacó un libro que incluía numerosos errores o aproximaciones.  Esta obra ha sido traducida al inglés en Estados Unidos, profundamente cambiada y acompañada de una contra encuesta que llegaba a desacreditar al Padre Ernetti.
Hice entonces un nuevo viaje a Italia y publiqué el resultado de mis investigaciones en una nueva obra. Ésta ha sido traducida al italiano y ha hecho surgir nuevos testimonios de los que ahora se desprende, sin ninguna duda posible, que este aparato existió y que tal vez exista todavía. Añadiré únicamente que las resistencias que encontré durante mi propia investigación me convencieron de que se trata de una invención de consecuencias incalculables.,,”

Brune conoció al benedictino padre Ernetti en 1964, casi ocho años antes de que su historia saltara a los periódicos. Javier Sierra le entrevistó. Aquí transcribo el reportaje:

-Usted conoció bien al padre Ernetti, ¿verdad?
Mi pregunta le sorprendió. Decidí ir sin rodeos al tema que me interesaba. Brune parecía dispuesto a hablar.
  -Sí, claro –sonrió-. Nos vimos muchas veces en Venecia, en la isla de San Giorgio Maggiore.
-¿Cómo lo conoció?
-Estudié dos años en el Instituto Bíblico de Roma. Y una vez, de camino a esa ciudad, decidí ir hasta Venecia en autostop. En el embarcadero de la isla de San Giorgio me encontré con el padre Ernetti y allí empezamos a hablar de mis estudios... Así de simple.
-¿Y él le habló enseguida del Cronovisor? –inquirí.
-No exactamente. Aunque, desde luego, debió resultarle más fácil hablar con un sacerdote que con alguien que no lo fuera, y sobre todo con un sacerdote extranjero al que le sería más difícil irse de la lengua. Primero hablamos de la exégesis del Nuevo Testamento y de cómo en nuestra época muchos intentaban desposeer a la historia bíblica de su componente maravilloso. El mundo critica los milagros, las sanaciones, los exorcismos... todo lo que parece sobrenatural. Y de ahí pronto pasamos al tema de las comunicaciones con el más allá. Y así, poco a poco, Ernetti terminó anunciándome algo que me iba a interesar aún más.
-¡El Cronovisor!
-Así es –el rostro de Brune se iluminó-. El Cronovisor.
-¿En que año sucedió esto?
-Fue en 1964.
-¿Y exactamente qué ocurrió con el Cronovisor?
-Vi a Ernetti por última vez unos meses antes de su muerte, en 1994. Me dijo que lo acababan de convocar a una reunión en el Vaticano con los dos últimos científicos vivos que habían colaborado en su construcción. Fue una reunión con cuatro cardenales y con otros científicos, y me dijo que allí dijeron todo lo que sabían. Lo malo es que Ernetti cada vez que me daba el nombre de algún científico era porque ya estaba muerto.
Los planos están en Suiza
-¿Qué quiere decir con que se lo dijo todo? ¿No estaba ya el Vaticano al corriente del Cronovisor?
-Verá: por lo que sé, el Cronovisor se dividió en piezas. Se desmontó. Pero Ernetti no tenía mucha confianza en el Vaticano. Ya unos años antes me había dicho que había depositado sus planos ante un notario de Suiza y ante otro de Japón.
-Hablemos de otra cosa, padre Brune –le pido-. Usted sabrá que la primera vez que se habló del Cronovisor en la prensa fue en 1972. Y que entonces, las primeras noticias vinieron acompañadas de una supuesta foto de Jesucristo, obtenida por esa máquina…
-Una foto que es falsa, desde luego.
-Hábleme de eso, por favor.
-Es sencillo. Quienes vieron funcionar el Cronovisor decían que la máquina no podía tomar primeros planos, sólo planos generales. Sin tanto detalle como el de esa foto. No le era posible, pues, obtener una imagen tan precisa.
-¿Pero usaron el Cronovisor para ver la Pasión de Cristo?
-Sí.
-¿En qué año lo hicieron?
-Creo que antes de 1960.
-¿Y ese primer plano de Jesús?
-Fue tomado de un crucifijo muy famoso de Collevallenza. Y cuando se publicó, se utilizó para atacar al padre Ernetti acusándolo de fraude. Pero ya Ernetti me había dicho que eso no era del Cronovisor, y se lo dijo también hace unos años a un periodista de la revista Más Allá...
Aquello tuvo gracia. François Brune no sabía que ese “periodista de Más Allá” fui yo. Que entrevisté a Pellegrino Ernetti un año antes de su muerte; y aunque entonces me dijo pocas cosas, sí insistió en que aquella presunta foto de Jesús no la había obtenido su equipo.
Brune nunca vio las pruebas
Había llegado el momento de la verdad. El instante en el que por fin preguntaría a Brune si él, además de sus conversaciones “de cura a cura” con Ernetti, había llegado a ver filmaciones o fotografías del Cronovisor. Brune fue tajante:
-No –sentenció-. Ernetti me dijo que no se quedó con nada de aquello. Fue urgido por sus superiores a no decir ni palabra. Y sufrió mucho con eso porque nunca tuvo la ocasión de explicar a la ciencia sus hallazgos.
-Pero cuando en 1993 me entrevisté con Ernetti, me dijo fue Pío XII quien le prohibió hablar.
-Sí. Es cierto.
-¿Y tiene idea de por qué se lo prohibió?
Brune se encogió de hombros ante mi ingenuidad.
-Bueno… -dudó-. Ernetti mostró sus grabaciones tanto al Papa como al presidente de la República, a Mussolini. Y también a otros científicos y cardenales, y la conclusión fue unánime: eso era peligroso para la Humanidad. Sé que existe un libro de ciencia-ficción norteamericano que fábula qué ocurriría si se descubriese un aparato semejante y las consecuencias que traería. Y creo que, la verdad, sería terrible para la Humanidad. Porque ya no habría secretos ni científicos, ni políticos, ni económicos, ni ninguna vida privada. Todo sería transparente.
-Pero si ese aparato lo tiene el Vaticano, ¿no lo ha utilizado nunca?
-Es posible –vuelve a encogerse de hombros, con gesto ingenuo-. Lo siento, pero no puedo ayudarle mucho más.
-Respóndame a una última pregunta, padre –lo atajé-: ¿Ha hecho usted alguna gestión con el Vaticano para ver si el material del Cronovisor se podrá ver algún día?
-Eso no lo hice porque... no será posible.
-¿Y usted como sacerdote católico no podría...?
-Creo que sería más fácil para usted que para mí –sonrió-. Hay algunas personas en el Vaticano que se interesan por cuestiones paranormales y que tal vez podrían ayudarle. Conozco a un sacerdote italiano, que habla alemán, que fundó un instituto de parapsicología en Innsbruck, el padre Andrea Resch. He estado dos veces con él y tal vez sepa por dónde empezar. Me dijo hace dos o tres años que había estado en Roma con un pequeño grupo que se ocupaba de los fenómenos paranormales y que conocían muy bien mis libros y mis ponencias. Pero eso fue antes de la publicación de mi libro sobre el Cronovisor.
-Y después de todos estos años, ¿qué impresión tiene usted de este asunto?
-Que el Cronovisor existió –respondió convencido-. De eso no tengo ninguna duda.





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