Toma la pastilla roja!!!

BIENVENIDO Y TOMA LA PASTILLA ROJA "...Eres un esclavo, Neo/ Igual que los demás, naciste en cautiverio/ naciste en una prisión que no puedes ni oler ni saborear ni tocar/ Una prisión para tu mente/ Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix/ Has de verla con tus propios ojos/ Esta es tu última oportunidad/ Después, ya no podrás echarte atrás/ Si tomas la pastilla azul fin de la historia (La historia acabará)/ Despertarás en tu cama y creerás/ lo que quieras creerte/ Si tomas la roja, te quedas/ en el País de las Maravillas/ y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos/ Recuerda/ lo único que te ofrezco es la verdad/ Nada más..."

jueves, 5 de junio de 2014

La guerra oculta contra el rock and roll. Las muertes de Jimi Hendrix y de John Lennon

1) La desclasificación de gran número de archivos del FBI durante la década del ochenta demostró que las principales figuras musicales de la época habían sido sometidas a estricta vigilancia por parte de las autoridades debido a su potencial “subversivo”.

2) Se diseñó un plan para frenar el avance de la contracultura, que incluía atentados contra estrellas de rock y el sabotaje de festivales multitudinarios.

3) Personajes como Jimi Hendrix o John Lennon habrían sido víctimas de este plan, conocido como “Operación Caos”.

4) En la actualidad, el objetivo de estas prácticas lo estarían siendo los raperos de color, convertidos en improvisados ideólogos de los sectores más radicales de la comunidad afronorteamericana.


John Lennon, Jimi Hendrix, Jim Morrison... Sus muertes llenaron de lágrimas los ojos de millones de admiradores en todo el mundo. Pero ese llanto hubiera sido de rabia de haberse sabido que estos músicos encontraron sus trágicos finales no como consecuencia de imprudencias o accidentes fortuitos, sino de un plan perfectamente organizado para poner freno a la contracultura norteamericana

A lo largo de la Historia de Estados Unidos el asesinato político se ha convertido casi en una forma de arte. Los personajes más o menos molestos desaparecen oportunamente, víctimas eventuales de actores fanáticos, como en el caso de Lincoln; maníacos homicidas con extraordinaria puntería, como en el caso de Kennedy; o delincuentes de poca monta que súbitamente se convierten en acérrimos racistas, como en el caso de Luther King, cuando no deciden suicidarse de la noche a la mañana como la pobre Marilyn. Los intereses políticos y económicos de los grandes consorcios de comunicación norteamericanos hacen que sea muy poco conveniente que salgan a la luz historias sobre asesinatos de Estado en el país del dólar. Sin embargo, éstos existen, han existido y, dado el cariz que están tomando las cosas, existirán.


Operación Caos

En 1967 una forma de música tildada de subversiva surgió en San Francisco. Rápidamente dejó de ser una simple manifestación artística para convertirse en un fenómeno social y político. Con la guerra de Vietnam en pleno apogeo, las minorías raciales reclamando sus derechos civiles y los soviéticos multiplicando su capacidad armamentística en progresión geométrica, el gobierno no podía tolerar que una pandilla de melenudos se pusiera a enredar las cosas más de lo que ya estaban. El FBI, tradicional guardián del modo de vida norteamericano, decidió poner a trabajar en el asunto a lo más granado de su departamento de operaciones clandestinas, el temido COINTELPRO. Paralelamente, la CIA, aficionada a bautizar sus actuaciones con nombres propios de una película de James Bond, puso en marcha la denominada “Operación Caos”, cuyo fin era terminar con el movimiento hippie o, al menos, volverlo inocuo.


Las fuerzas vivas de la nación sentían que había que hacer algo contra aquellos jovenzuelos que se dejaban crecer la melena y se negaban a ser inmolados en el infierno asiático. La desclasificación de gran número de archivos del FBI durante la década de los ochenta demostró que las principales figuras musicales de la época habían sido sometidas a estricta vigilancia por parte de las autoridades debido a su potencial “subversivo”. Allí había un informe dedicado en exclusiva a Jimi Hendrix, un grueso expediente de 89 páginas sobre las andanzas de Jim Morrison y ni más ni menos que 663 sobre Elvis Presley. Este último expediente es especialmente interesante ya que podríamos considerarlo como la prehistoria de la Operación Caos. En efecto, el informe comienza en los años cincuenta, cuando el propio J. Edgard Hoover plantea la necesidad de “hacer algo” para detener este decadente ejemplo para la juventud norteamericana. Los informes contienen perlas como la siguiente: “Me siento en la obligación de poner en su conocimiento que Presley es un peligro definido para la seguridad de los Estados Unidos”. Siguiendo las consignas de la CIA, la mafia instaló en diversos enclaves del país laboratorios clandestinos para abastecer el mercado de las drogas. Incluso se llegó a constituir una “mafia hippie”, un grupo llamado “La hermandad del amor eterno” que, liderado por el agente de la CIA Ronald Stark, logró hacerse con el monopolio del tráfico de LSD en Estados Unidos; todo ello con el propósito de socavar los cimientos de la floreciente revolución de las flores a golpe de alucinógeno. Los sicarios de la Operación Caos contaban sus intervenciones por éxitos cuando Jimi Hendrix, el exótico y pacifista “Elvis negro de los 60”, se convirtió en uno de sus blancos prioritarios. ¿Fue Hendrix asesinado mientras se encontraba bajo el efecto de los barbitúricos?. La versión de la muerte de Hendrix que divulgaron los medios de comunicación se centraba en la consabida sobredosis que tan oportunamente se ha llevado por delante a tantas estrellas del rock. Nadie, sin embargo, dio en su momento publicidad a una serie de irregularidades que ya había denunciado el encargado de la autopsia, el doctor Bannister, quien informó que en el momento de limpiar su esófago “cantidades ingentes” de vino tinto “salieron a través de su   boca y nariz”. Asimismo encontraron gran volumen de líquido en sus pulmones: “Es notable -declaró el médico-, porque les aseguro que uno no tiene todos los días la ocasión de examinar un cadáver ahogado en vino. Tenía algo alrededor del cuello -creo que era una toalla-, y estaba también empapada de esta bebida”. Éste es solamente un hecho de un largo informe que aporta datos suficientes como para sospechar de un asesinato. Lo más curioso es que los detalles proporcionados por Bannister no fueron dados a conocer hasta muchos años después de la muerte del artista, fomentando durante ese tiempo la imagen de Hendrix como la de un drogadicto que murió ahogado en su propio vómito.

Pero ¿por qué matar a alguien como Hendrix?. El FBI vigilaba estrechamente todos   los movimientos del artista y veía con seria preocupación cómo sus posturas políticas y  sus manifestaciones públicas se iban radicalizando cada vez más, acercándose a los sectores más revolucionarios del movimiento por los derechos civiles, en especial a los Panteras Negras. Esta actitud se hacía también patente en sus declaraciones, como en una entrevista concedida en Suecia al periódico Gotesborgs-Tidningen: “En Estados Unidos tienes que elegir de qué lado estás. Puedes ser un rebelde o puedes ser como Frank Sinatra”. Para las mentes de los responsables de COINTELPRO esta postura equivalía a una declaración de guerra por parte de alguien que, como los ya silenciados Martin Luther King o Malcolm X, ejercía un fuerte liderazgo sobre la comunidad negra norteamericana.
 Es posible que algo similar le sucediera también a Mark David Chapman, el asesino de John Lennon. Como Sirhan, alegó enajenación mental como causa de su actuación criminal. Lo que nadie mencionó durante el juicio fue que, a los 19 años, el joven Chapman había sido huésped de un campamento de entrenamiento que en aquella época mantenía la CIA en Beirut, sin que hasta el momento haya trascendido el tipo de instrucción o adoctrinamiento al que fue sometido el futuro asesino. Otro hecho poco conocido con relación a Chapman es que parecía haber sido un tipo corriente hasta que fue sometido a un tratamiento psiquiátrico para “modificación del comportamiento” en el hospital Castle de Hawaii. La terapia a la que fue sometido incluía el uso combinado de torazina e hipnosis, la receta favorita de la CIA para sus agentes programados.



Dentro de la Operación Caos habría existido un subproyecto específico para acabar con Lennon, cuyo nombre en clave era “Operación Morsa”. Los analistas de la central de inteligencia tenían muy claro que lo que estaba en juego con Lennon era la identidad histórica e ideológica de la contracultura. Por ello, los responsables de Caos no se conformaron sólo con la muerte del cantante, sino que, además, llevaron a cabo una intensa campaña de descrédito destinada a acabar a título póstumo con su imagen pública, con su recuerdo. Fruto de esta campaña fueron algunos libros difamantes que, a pesar de la repercusión que se les quiso dar en los medios de comunicación conservadores, resultaron un sonoro fracaso a nivel de ventas.


Fuente: Santiago Camacho

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